Dar las gracias, escribirle a alguien para contarle por qué lo apreciamos, o detenernos a pensar en aquello que valoramos, puede parecer un gesto sencillo. Sin embargo, estas pequeñas prácticas pueden mejorar de inmediato nuestro estado de ánimo, aunque no funcionan igual en todos los países. Así lo concluye un megastudio multinacional publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), en el que participaron 10.696 personas de 34 países.
Tal y como dicen los propios investigadores/as de este estudio, han formado un consorcio llamado Global Gratitude Collaboration, un amplio equipo internacional encabezado por Nicholas A. Coles, de la Universidad de Florida, junto con Annabel V. Dang, Shigehiro Oishi y Michael E. McCullough. La relevancia del proyecto reside en ampliar una literatura que hasta ahora se había concentrado especialmente en Estados Unidos y en unas pocas prácticas de gratitud.
Para ampliar esa mirada, las personas participantes realizaron uno de seis ejercicios breves: escribir una carta, enviar un mensaje de agradecimiento, elaborar una lista de cosas que valoraban o imaginar cómo sería su vida sin algo importante, entre otros. Después, el equipo midió aspectos como el estado de ánimo, el optimismo, la satisfacción vital o la envidia. Los resultados mostraron pequeñas mejoras inmediatas en el bienestar, especialmente en el afecto positivo y el optimismo. Enviar un mensaje de agradecimiento fue, en conjunto, la práctica que produjo los mayores cambios. Pero apareció un dato revelador: las diferencias entre países fueron mayores que las observadas entre los distintos ejercicios.
Sin embargo, hay una excepción especialmente significativa. Sentirse mejor inmediatamente después de practicar la gratitud parece ser un fenómeno extraordinariamente transversal. El afecto positivo aumentó en los 34 países estudiados, y el modelo estadístico estima que este efecto podría observarse en más del 98% de los países, incluidos aquellos que no participaron en el experimento. Otros beneficios, como aumentar la satisfacción vital o reducir la envidia, resultaron mucho menos universales.
Aunque el estudio tiene como principal limitación la temporalidad: los efectos se midieron inmediatamente tras una única intervención. No se sabe si esas mejoras se mantienen semanas o meses después, y estos ejercicios tampoco sustituyen intervenciones psicológicas o sociales de eficacia demostrada-
El hallazgo refuerza, pero también matiza, investigaciones anteriores. Un metaanálisis publicado en 2023 en International Journal of Applied Positive Psychology, que reunió 25 ensayos aleatorizados y 6.745 participantes, encontró un efecto positivo aunque pequeño de las intervenciones de gratitud sobre el bienestar psicológico (g=0,22). Por otra parte, una revisión de Sarah D. Pressman, Brooke N. Jenkins y Judith T. Moskowitz publicada en Annual Review of Psychology concluyó que el afecto positivo se asocia con mejores resultados en diferentes indicadores de salud física, aunque las autoras señalan que todavía existen interrogantes sobre los mecanismos que explican esta relación.
La cuestión cobra especial interés en un momento en que el bienestar ocupa un lugar creciente en el debate internacional. El World Happiness Report 2026 vuelve a destacar la importancia de las relaciones sociales, la confianza y los vínculos humanos para comprender cómo vivimos y nos sentimos.
El valor de este megastudio radica, precisamente, tanto en mostrar el potencial de la gratitud como en establecer sus límites. Un gesto cotidiano puede producir mejoras medibles, pero aplicar la misma intervención en sociedades distintas no garantiza resultados idénticos. La gratitud parece atravesar fronteras; la manera en que las personas la experimentan no es necesariamente la misma, y, como recoge el World Happiness Report y otros estudios previos, la calidad de las relaciones humanas que la persona mantiene es la clave.
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