En este artículo de opinión, Mar Joanpere reflexiona sobre la necesidad de situar la protección de la infancia por encima de cualquier interés partidista.
El exhibicionismo ante menores no es un hecho nuevo, de hecho es un tipo de abuso recurrente, pero eso no lo hace menos grave ni menos urgente de erradicar. Es un tipo de violencia que vulnera el derecho de niñas, niños y adolescentes a crecer y desarrollarse en entornos seguros, libres de abusos y de cualquier conducta que atente contra su dignidad y su bienestar.
Es cierto, que cuando estos hechos son cometidos por personas que ocupan responsabilidades públicas, la preocupación es aún mayor. De hecho, quienes ejercen cargos políticos no solo tienen la obligación de cumplir la ley, sino también de actuar conforme a unos principios éticos que inspiren confianza y garanticen la protección de las personas más vulnerables, en este caso las y los menores. Es por eso, que ante situaciones de esta naturaleza no puede haber espacio para la ambigüedad, el silencio o el cálculo partidista.
Por otro lado, es justo reconocer a aquellos partidos políticos que, cuando un caso afecta a alguien de sus propias filas, actúan con rapidez, asumen responsabilidades y sitúan la protección de las víctimas por encima de los intereses de la organización. Esa capacidad de actuar con coherencia fortalece la confianza ciudadana y demuestra un compromiso real con la protección de la infancia. En cambio, resulta profundamente preocupante que unos mismos hechos reciban respuestas distintas según quién los protagonice. Por tanto, no es aceptable condenar con firmeza las conductas de los adversarios mientras se minimizan, silencian o instrumentalizan cuando afectan al propio espacio político. La protección de la infancia no puede convertirse en un arma arrojadiza ni en un criterio que dependa de las siglas.
Cuando la reacción frente a una conducta tan grave depende de quién la haya cometido, el mensaje que se transmite es que la protección de los menores puede quedar subordinada al interés político. La defensa de la infancia debería ser uno de los pilares de consenso de una democracia. Ante cualquier conducta abusiva hacia menores, la única respuesta posible es una condena clara, una actuación inmediata y el compromiso firme de que los derechos de niñas y niños estarán siempre por encima de cualquier estrategia partidista.
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Primera víctima en ganar un caso en las universidades españolas. Coordinadora del Metoo University.
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