Tenía 21 años cuando participé muy activamente en las Jornadas Feministas de Barcelona del 27 al 30 de mayo de 1976 en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona. Estábamos muchas feministas que trabajábamos en los barrios y pueblos con muchas mujeres sin ningún tipo de discriminación: unas con títulos universitarios y otras sin estudios, unas trabajando como abogadas y otras haciendo la limpieza de los despachos, unas religiosas y otras antirreligiosas. Ese feminismo de todas las mujeres era inmensamente democrático, pluralista y transformador, tanto de la vida pública como de la privada. En el movimiento universitario hablaban mucho en las asambleas militantes que estaban en contra del feminismo porque decían que era pequeñoburgués ya que dividía la clase obrera.

Las jornadas fueron una maravilla, tuvieron una gran repercusión pública y los medios las dieron a conocer (todavía no había internet). No obstante, todavía hoy sufrimos las consecuencias de la irrupción antidemocrática de algún colectivo minoritario que quiso apropiarse de ese “feminismo de todas” en palabras de bell hooks. En las jornadas se produjo la irrupción de militantes que hasta poco antes habían sido antifeministas. Vinieron a competir por el liderazgo del movimiento y, siendo universitarias, buscaron la apropiación del movimiento feminista que resurgía después del franquismo, acallando las voces de mujeres populares como por ejemplo las mismas que limpiaban sus domicilios. Y una segunda acción o posicionamiento que se imponía, dentro de su lógica ignorancia, no tenían ni idea o despreciaban movimientos feministas anteriores tales como el más importante del mundo en los años 30, el movimiento de mujeres libres que había llegado a tener 20.000 mujeres, la mayoría jóvenes obreras (tal y como las mujeres populares a las que habían acallado). Frecuentemente decían que habían descubierto el feminismo con El segundo sexo de Simone de Beauvoir. Una importante líder de las mujeres libres vino a Barcelona y la despreciaron llamándole “vieja”; por cierto, tenía solo 57 años y había estado en la resistencia francesa contra los Nazis mientras que Beauvoir trabajaba para ellos.

Todavía hay consecuencias negativas de aquella irrupción antidemocrática y antifeminista dentro de la etiqueta “feminismo”. Después de las jornadas de 1976, muchas chicas y mujeres seguimos en los barrios y pueblos, algunas durante toda su vida. Las que irrumpieron de repente se dedicaron a luchar por cargos en diferentes instituciones.

Todavía hay muchísimas chicas y mujeres que rechazan el feminismo porque lo identifican como algo apropiado por un grupo concreto de mujeres universitarias con una ideología determinada, que parecen creer que pueden decidir cómo debemos vivir las demás.

Siguen tratando de imponer al conjunto de la sociedad bulos que fomentan mucho la violencia de género y potencian a los peores hombres. Hemos ido superando algunos de esos bulos, por ejemplo, que la violencia de género es de la pareja o expareja mientras las relaciones esporádicas son libres, que el amor romántico mata, que todas las mujeres dicen siempre la verdad y están de parte de las víctimas mientras todos los hombres están de parte de los acosos. Para mantener esos bulos, dicen que la ciencia es patriarcal intentando de esa forma que las chicas y mujeres populares no puedan conocer las evidencias científicas, objetivo imposible en la sociedad dialógica actual.

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