Hoy contamos con el artículo de opinión de Garazi López de Aguileta. GLdA reflexiona críticamente sobre el mal uso del concepto de acoso para restringir la libertad sexual, alertando del riesgo de confundir asimetría de poder con ausencia de consentimiento. El artículo denuncia la doble moral que, bajo un discurso aparentemente feminista, acaba debilitando las conquistas históricas del feminismo y perjudicando tanto a las víctimas reales como a la libertad sexual consentida.
Una persona publica un post afirmando que al trabajo no hay que ir a ligar, sino a trabajar, y que, si la relación es asimétrica, es acoso sexual. Con la primera frase, ataca la libertad sexual de más de la mitad de la población occidental que reconoce haber ligado en el trabajo. Con la segunda frase, criminaliza la libertad sexual con libre consentimiento de muchas mujeres y muchos hombres. Entre quienes la apoyan, hay una mujer que conoció y empezó la relación con su pareja en el trabajo, cuando ella era una joven docente y él, un catedrático sénior.
Pocos comportamientos son tan antiguos y reaccionarios como la doble moral. Quienes se opusieron al principio de la libertad sexual y al consentimiento —que tanto nos ha costado conseguir a las feministas— practicaban casi siempre la doble moral: en algunos casos, encerraban a su mujer en casa y eran clientes de prostitución. El uso del tema del acoso para ir en contra de nuestra libertad sexual es una involución reaccionaria que hace más daño disfrazándose de feminismo; nos hace daño a las víctimas, a la lucha contra el acoso y al feminismo. La hipocresía de la doble moral queda muy clara con las personas que se dedican a criminalizar lo que ellas mismas han hecho o hacen, o simplemente lo que hacemos feministas que no tenemos por qué obedecerlas y ejercemos la libertad de vivir como queramos.
Lo que rompe el consentimiento no es la asimetría de poder, sino el uso de esa asimetría para conseguir lo que no se lograría sin ella, forzando a la otra persona mediante el ejercicio del poder para perjudicarla si no se somete. Hay muchas mujeres muy igualitarias que tienen parejas estables o esporádicas con hombres con un estatus laboral inferior al suyo en sus trabajos, partidos políticos, ONGs y otros muchos ámbitos; también hay hombres muy igualitarios en la misma situación. La persona dice que las relaciones con asimetría de poder son acoso, atacando así a esas mujeres y a esos hombres, y atacando así las conquistas que hemos logrado las feministas, ya presentes en todas las legislaciones democráticas, en la teoría feminista y en las investigaciones científicas sobre el tema.
Quienes intentan prohibir las relaciones en el trabajo o donde sea son personas con actitud reaccionaria que tratan de impedir nuestra libertad sexual para tener relaciones con quienes queramos, estando nosotras en cualquiera de los dos lugares de la asimetría de poder, pero sin usarla. Son muchas las mujeres que tienen relaciones con hombres subordinados a ellas en los centros de trabajo y que son libremente consentidas por ambas partes. También son muchas las que las tienen con hombres de mayor estatus en sus centros de trabajo y que son libremente consentidas por ambas partes. ¿Quiénes son esas personas para decidir sobre las demás? Pero, además, no es extraño que quienes intentan coartar la libertad sexual tengan o hayan tenido relaciones que dejan mucho que desear. Podrían ser un poco más feministas de verdad y dejarnos a las demás en paz.
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