Jane Goodall // heute.at - Creative Commons License

En 1960, una joven británica de 26 años llegó a las orillas del lago Tanganica con una libreta, unos prismáticos y un sueño: observar a los chimpancés en libertad, su nombre Jane Goodall. No tenía formación universitaria formal en zoología; había trabajado como secretaria y camarera para ahorrar lo suficiente y cumplir su sueño de viajar a África. Fue allí donde conoció al antropólogo Louis Leakey, quien quedó cautivado por su pasión y la envió a Gombe, en Tanzania, para iniciar un estudio pionero, al cual ha dedicado toda su vida hasta su marcha a los 91 años.

Con el tiempo, su talento como observadora y su perseverancia derribaron barreras académicas y de género. En 1962 fue aceptada en la Universidad de Cambridge directamente en un doctorado en etología —algo inédito para alguien sin título de grado previo—, y en 1965 obtuvo su PhD con la tesis “Behavior of Free-Living Chimpanzees”. Sus descubrimientos revolucionaron la ciencia: documentó que los chimpancés fabricaban y utilizaban herramientas, cazaban en grupo y tenían relaciones sociales complejas, obligando a redefinir lo que significa ser humano.

Décadas más tarde, Jane Goodall no solo era una investigadora reconocida internacionalmente, sino también una activista incansable. Fundó el Jane Goodall Institute (1977) y el movimiento juvenil Roots & Shoots (1991), que comenzó en Dar es Salaam y hoy llega a casi cien países. Fue nombrada Mensajera de la Paz de la ONU, recibió más de un centenar de premios internacionales y se convirtió en símbolo de una ciencia cercana, humana y comprometida con la vida en todas sus formas.

Su voz, suave pero firme, siempre estuvo cargada de esperanza, de hecho para Goodall, la esperanza no era ingenuidad, sino una decisión: We have the choice to use the gift of our lives to make the world a better place” .

Impacto social en Tanzania

En Tanzania, el país donde Jane Goodall comenzó a observar a los chimpancés en la selva de Gombe, su huella trasciende la ciencia. Allí, en pequeñas aldeas del oeste, las comunidades hablan de ella no solo como la primatóloga que revolucionó el conocimiento, sino como la mujer que les ayudó a transformar su futuro. Programas impulsados por el Jane Goodall Institute (JGI), en colaboración con la cooperación internacional, han alcanzado ya a más de 600.000 personas en 104 aldeas, llevando alternativas sostenibles de subsistencia, educación ambiental y esperanza.

Los números cuentan una historia de cambio: más de 74 aldeas han diseñado planes de uso de suelo para proteger los bosques; 253.000 personas vieron mejorar sus ingresos gracias a la gestión sostenible; y más de 15.000 niños y niñas participan en clubes escolares donde aprenden a cuidar el entorno y a valorar la biodiversidad como un tesoro compartido según se recoge en el informe de JGI. En las laderas reforestadas se levantan decenas de miles de árboles nativos, plantados por viveristas locales que ahora encuentran un sustento en restaurar lo que alguna vez estuvo en riesgo según el informe JGI 2023.

El impacto se siente también en lo cotidiano. Bancos comunitarios de conservación —pequeños grupos de ahorro y crédito— ofrecen a las familias acceso a microfinanzas, algo impensable hace apenas dos décadas. Agricultores que antes dependían de prácticas que degradaban el bosque hoy diversifican sus ingresos con cultivos sostenibles. Y en las escuelas, los estudiantes no solo memorizan lecciones: organizan campañas de limpieza, plantan huertos y entienden que su futuro depende de la salud del paisaje que los rodea.

También ha mejorado la vida de  los chimpancés;  el corredor restaurado entre Gombe y Burundi volvió a ser transitado por al menos 22 individuos, una señal de que la coexistencia entre humanos y fauna aún es posible si se construyen puentes —no solo físicos, sino también sociales.

El impacto de la educación en la sostenibilidad del planeta

Lo que comenzó en las costas del lago Tanganica se convirtió en un movimiento global. El programa juvenil Roots & Shoots, fundado en Dar es Salaam en 1991, se ha extendido a casi 100 países y moviliza a miles de grupos de jóvenes que replican la semilla tanzana en proyectos comunitarios, desde campañas contra el plástico hasta iniciativas de inclusión social (Jane Goodall Institute – Roots & Shoots).

Mientras tanto, el programa de investigación en Gombe sigue siendo el estudio de chimpancés más largo del mundo, con más de 300 publicaciones científicas y 6 millones de acres de hábitat bajo protección a nivel global. Pero quizás la mayor publicación es la que no se escribe en revistas: está en los rostros de quienes han visto mejorar su calidad de vida gracias a que la conservación dejó de ser una palabra abstracta y se convirtió en una actuación diaria para vivir mejor.

Para Jane Goodall cada día es una decisión que tomamos para contribuir a la mejora de nuestro planeta, porque según sus palabras cuidar nuestra casa es ser inteligente, y es pensar también en la vida tanto humana como la de todos los seres vivos de nuestro planeta.

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