Ethel Smyth nació el 22 de abril de 1858 en Sidcup, Kent (Inglaterra). A pesar de que inició sus estudios musicales a temprana edad, su padre, el general John Hall Smyth, se oponía a la idea de que pudiese dedicarse profesionalmente a la música. Pero esto no supuso un freno para ella, ya que años después ingresó en el Conservatorio de Leipzig para estudiar composición.
Posteriormente, Ethel Smyth dejó el Conservatorio, y en la primavera de 1878 halla al que sería su maestro definitivo, Heinrich von Herzogenberg, a quien describe como ‘un músico erudito’. Por su parte, el compositor opinaba que la joven “era una muy buena alumna para el contrapunto; sólo tenía un defecto: siempre pensaba que tenía razón”, según transcribe Kathleen Dale. Gracias a él y a la tozudez de ella, las composiciones de Ethel Smyth empezaron a ser reconocidas en los círculos musicales más importantes de la época, llegando a relacionarse con Brahms, Grieg y Clara Wieck.
La misma Ethel Smyth lo relata en sus memorias Impressions that Remained: “una vez le mostré una gran obra coral a Levi, el gran director de Wagner, un hombre de mente abierta y que no teme mirar la verdad a la cara. Después de escucharla, me dijo: “¡Nunca hubiera creído que eso lo hubiera escrito una mujer!”. Le contesté: “No, y, además, dentro de una semana no lo creerás”. Me miró un momento y dijo lentamente: “Creo que tienes razón”. Los prejuicios se impondrían a la evidencia de sus sentidos y de su intelecto; al final, seguramente pensaría que había un error en alguna parte. Es esta clase de prejuicios los que dificultan a las mujeres incluso más que los obstáculos materiales’.
De los primeros años destacan sus obras para piano, cuarteto y quinteto de cuerda y su colección de canciones para voz y piano, entre la que sobresale ‘Schön Rohtraut‘, que forma parte de Lieder und Balladen opus 3, un conjunto de canciones que le abrieron camino no solo en los salones privados, sino que fueron su carta de referencia para abrirse las puertas a presentaciones públicas.
Ethel Smyth nos lega en sus memorias una serie de acontecimientos narrados en primera persona sobre las relaciones profesionales que fue creando y el reconocimiento que poco a poco recibían sus obras la llevaron a lo que para ella sería “la primera interpretación pública de una obra mía para orquesta, y de hecho de cualquier obra en Inglaterra”.
Smyth, que había regresado a Londres en 1890, le envía a August Manns su Serenata sinfónica en Re mayor. Este la aceptó de inmediato y la propuso para incluirla en los programas de primavera. El estreno se llevó a cabo el 26 de abril de 1890 en el Palacio de Cristal de la ciudad. Esta obra tiene varios significados para Ethel Smyth: por un lado, el familiar, en el que la propia compositora sintió una emoción inmensa, no sólo por el estreno sino porque este fue aplaudido por su padre, que estuvo presente en el estreno; por otro lado, y en sus propias palabras, “Serenade fue interpretada admirablemente, y siendo una primera obra se podía contar más o menos con una buena acogida (…) El resultado de la producción fue que otras obras mías fueron aceptadas para su interpretación sin dificultad”. La crítica quiso debilitar la pieza, aludiendo que al ser escrita por una mujer carecía de “fuerza”. A finales de ese año, la compositora y el también creador Arthur Sullivan inician una buena amistad, relación que sería “un gran estímulo musical”.
👀 Visitas: 79
Comparte esto:
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
- Compartir en Reddit (Se abre en una ventana nueva) Reddit
- Más
