Durante muchos años —en algunos casos, más de treinta—, numerosas personas han explicado públicamente cómo Ramón Flecha las ha defendido frente a casos de violencia ante los cuales le habían pedido ayuda. No he encontrado ninguna mención realizada durante esos años sobre los hechos que ahora se relatan de forma anónima contra Ramón Flecha, ni tampoco de que personas hayan abandonado la red CREA por estos motivos.

De lo que sí tengo evidencias es de que, cuando becarias sufrimos tratos inadecuados por parte de seniors que usaban su posición jerárquica para actuar de forma inadecuada, pedimos ayuda a Ramón Flecha. En mi caso, había escuchado a otras personas explicar cómo él se había posicionado y las había ayudado cuando se lo habían pedido, incluso cuando ello había supuesto pérdidas de amistades, ataques y amenazas. No es casualidad que otras miembros de CREA son también feministas cuyo posicionamiento y apoyo a las víctimas durante décadas ha sido reconocido internacionalmente. Algunas de las personas que me explicaron este apoyo recibido por Ramón Flecha y miembros de CREA, no nos apoyaron posteriormente a becarias que decidimos explicar tratos inadecuados por seniors, que eran sus amigas o ellas mismas. En mi caso, se trató de mensajes inapropiados, como insistir en que realizara tareas durante fin de semana sabiendo que tenía otra actividad de mi interés; también de gritos hacia mi directora de tesis y hacia mí, así como comentarios inadecuados sobre otras compañeras. Cuando se le dio la oportunidad de rectificar, no lo hizo, tampoco habló conmigo, abandonó la red CREA. Ramón Flecha sí me apoyó sin dudarlo.

Cuando se constituyó la Comisión Violencia 0 de CREA, se dio la oportunidad de hablar a todas las personas, yo lo hice. Se hizo público un Documento de orientaciones para la prevención de situaciones de violencia en el grupo de investigación. Este documento fue un orgullo para muchas personas. No gustó a quienes no actuaban como promovían y no querían cambiar. De la misma forma que no gustaron las primeras medidas contra la violencia de género en universidades y que ahora nos aseguran a todas contextos más libres. 

Personas que se dan de baja en CREA, entonces dijeron que las becarias exageramos, e incluso que estamos locas. Tampoco entonces escuché los hechos que ahora acusan a Ramón Flecha como causa de su postura. No mucha gente las creyó. Ramón Flecha recibía amenaza sobre que si seguía actuando frente a la violencia tendría la represalia que ahora sufre. También sé que personas comenzaron a demandar borrar muestras públicas en las que aparecían vinculadas a CREA.

Frente a toda esta información y personas dispuestas a explicar, periodistas que solo han difundido los testimonios anónimos contra Ramón Flecha, han reconocido no saber qué es CREA ni de la existencia de la Comisión Violencia 0. Tampoco han querido dar voz a ninguna de las 8 becarias, ni a Flecha. Esa es la “investigación” que han hecho quienes solo difunden los ataques.

La ciudadanía tiene la posibilidad de ejercer su derecho a conocer las evidencias. Por eso, a diferencia de quienes piden creer sin pruebas y desde el anonimato, pido que busquen información, que pregunten. No tenemos nada que esconder, por eso a diferencia de quien ataca, nunca nos hemos escondido. Estamos usando nuestra voz para proteger los apoyos que recibimos cuando lo necesitamos y lo pedimos. Ver cómo atacan a quienes nos apoyan para intentar aislarnos, nos revictimiza. Me entristece profundamente porque si esto nos pasa a quienes hemos recibido apoyo, imaginemos a quienes están solas. Estos ataques suponen un retroceso en los avances que la sociedad y el feminismo han luchado durante décadas y que tanto ha costado lograr. ¿Quién querrá proteger a una víctima cuando las consecuencias son tan graves?

El peor machismo quiere aislarnos y silenciarnos. Quiere quitarnos nuestra capacidad como mujeres de decidir y nos dicen que estamos sumisas en un “carácter sectario”. Niegan así nuestra libertad de haber pedido ayuda cuando no queríamos sufrir tratos inadecuados por personas que estaban usando su situación jerárquica. El feminismo está en contra de toda violencia y lucha por la libertad. El peor machismo nos niega ahora nuestra voz, porque como una de las “periodistas” dijo, esto que contamos nosotras no es noticia. No consiento que nadie me atribuya la incapacidad de decidir sobre mi vida. Quien lo hace, quien promueve en nosotras esta incapacidad de decisión, está promoviendo el machismo más antiguo.

Llevo días pensando en cuántas historias hemos visto o leído con situaciones similares y ante las que pensamos “yo seguro que actuaría con coherencia”. La historia está llena de ataques a quienes se arriesgan a proteger. Ahora que lo tenemos delante ¿Qué estamos haciendo?

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