Tanto a nivel internacional como nacional se tiene muy claro: hacer preguntas sin consentimiento sobre la vida sexual es acoso sexual grave. Son muy diversas las organizaciones, normativas y protocolos que lo dejan claro. Tanto a nivel internacional como español se recoge, por ejemplo, en el Instituto Navarro para la Igualdad del Gobierno de Navarra; ya definen como acoso sexual grave “Preguntar sobre la vida sexual”. Lo mismo ocurre en el protocolo elaborado por la Comisión de Igualdad y Tiempo de Trabajo del Consejo de Relaciones Laborales de Cataluña: “Difundir rumores, preguntar o explicar sobre la vida sexual y las preferencias sexuales de una persona” es uno de los comportamientos que recogen como ejemplo de comportamientos que “pueden evidenciar la existencia de una conducta de acoso sexual”. 

Las universidades internacionales de gran prestigio internacional también lo califican así. Por ejemplo, la Northwestern University (primera en el mundo en Materials Science & Engineering en el ranking de Shanghai) tienen un posicionamiento claro sobre que “Preguntar sobre las fantasías sexuales, las preferencias sexuales o las actividades sexuales de una persona” es un ejemplo de acoso sexual. Además, este tipo de preguntas sobre la vida sexual atentan contra los Derechos Humanos, teniendo en cuenta que su Artículo nº 12 establece que “nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada (…) ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. 

Este tipo de preguntas son, además, una técnica que se suele utilizar contra las víctimas de acoso sexual y contra las víctimas de violencia de género aisladora como represalia por apoyar a las víctimas. Y, obviamente, denotan una profunda envidia por parte de quienes hacen las preguntas.

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