El pasado 14 de enero fue el 44 aniversario de la muerte de Anaïs Nin. Ese día, en la radio, el periodista Lu Martin dedicó un obituario a esta escritora. En él alababa como Nin “rompió esquemas a una sociedad profundamente machista” con la publicación de su obra literaria, basada en sus diarios, en la que habla de la “liberación de la mujer”. Martín terminó su sección dirigiéndose a las y los más jóvenes con la siguiente frase: “Chicos y chicas que vais hacia el cole, tenéis que saber que el mundo sin ella sería muy diferente”.

Ese mismo día, en la plataforma de evidencias científicas Sappho se publicó un post desmintiendo el carácter feminista de la obra de Anaïs Nin. Muy lejos de serlo, los cuentos de esta autora vinculan excitación sexual con violencia. En la plataforma se pueden consultar las evidencias de por qué sus cuentos no contribuyen a la igualdad en las relaciones de hombre y mujeres, y se puede contribuir abierta y libremente con nuevas evidencias.

Nos encontramos en un momento en que desde el feminismo se está intentado recuperar las voces de muchas que hicieron contribuciones a la humanidad y que por su género nunca fueron reconocidas. Es el caso de la campaña #nomorematildas de AMIT, el proyecto “Mujeres de ciencia”, de la Universitat Politècnica de València (UPV) y el centro de innovación Las Naves del Ayuntamiento de València, o la exposición  “Mujeres Ingeniosas. La ingeniería en femenino“. En este contexto, ensalzar como modelo la figura de Nin y su obra entre las y los más jóvenes no solo no responde a evidencias de transformación, sino que contribuye a su socialización en el discurso coercitivo dominante que impide a muchos chicos y chicas tener las relaciones libres que desearían

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