El pasado lunes 19 de octubre, Frank Jensen, alcalde de Copenhague desde 2010, dimitió tras ser acusado y admitir públicamente varios episodios de acoso sexual a dos mujeres en 2012 y 2017. En una publicación en Facebook a primera hora del lunes, Jensen dijo que había sido parte de una cultura “dañina” y “vieja” en el Partido Socialdemócrata. Jensen tras su disculpa pública, dimitió de diputado del Partido Socialdemócrata de Dinamarca. La primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, pidió un cambio de mentalidades, enfatizando que juntas, todas las personas, debemos crear una cultura en el que el acoso sexual no sea aceptado, ni en palabras ni en actos. Ambos reconocieron que el Partido Socialdemócrata tiene graves problemas al respecto y debe dar un cambio urgente. 

La violencia contra las mujeres en la política es una tendencia mundial en aumento. En esta misma edición de DF explicamos el caso de Frank Jansen, alcalde de Copenhague que ha dimitido tras reconocer reiterados casos de acoso sexual. Esta violencia contra las mujeres se ha admitido cada vez más desde el análisis internacional como una barrera clave para la participación política de las mujeres. Tal y como se explicaba valientemente en un artículo anterior de este diario, cada vez existen más evidencias de que el acoso sexual no responde a una determinada ideología política, tampoco al nivel de desarrollo económico de los países, sino a un comportamiento machista por parte de las maculinidades tradicionales dominantes. Por ello, se necesitan medidas preventivas para su erradicación y superación, muy especialmente, para que, en el caso que existan víctimas, siempre estén protegidas y apoyadas. 

En este marco y tras el éxito del movimiento #MeToo surgió #MeToo PoliSci ADVANCE, cuyo objetivo principal es el desarrollo de intervenciones probadas empíricamente para la erradicación del acoso sexual y la discriminación por motivos de género en los contextos de la política. La iniciativa #MeTooPoliSci ADVANCE está liderada por Rebecca Gill (UNLV), Nadia Brown (Universidad de Georgetown), Stella Rouse (Universidad de Maryland) y Libby Sharrow (UMASS Amherst), en colaboración con la Asociación Estadounidense de Ciencias Políticas, organización líder en el campo. El principal desafío que están abordando es lograr que las organizaciones políticas dejen de ser cómplices del acoso sexual, dejen de tratar el acoso sexual como algo habitual que “forma parte de la participación política” y visibilicen y apoyen las intervenciones valientes de mujeres y hombres que alzan la voz contra la violencia machista y se posicionan activamente, la ejerza quien lo ejerza.

Las investigaciones que están proliferendo al respecto, muestran cada vez mayor evidencia sobre que es posible lograr un política libre de violencia contra las mujeres, pero también que aquellas organizaciones que no ejercen un posicionamiento claro y no aplican medidas profundas al respecto, no solo no aportan mejoras a la igualdad de género, sino que perjudican gravemente los movimientos democráticos y el avance en los derechos de la humanidad.

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