El acoso sexual se da tanto en ambientes de derechas como de izquierdas, es un problema social derivado de aquellas masculinidades tradicionales dominantes que siempre han ejercido su poder para abusar de las mujeres. Si bien no se trata de una cuestión política, sí lo son los programas y campañas de los partidos para tratar esta problemática y transformarla o perpetuarla. Lo que representa un sinsentido es cuando aquellas formaciones políticas que se dicen feministas no rechazan profundamente a los acosadores y/o no se solidarizan, profundamente con las víctimas. 

Las denuncias por temas de acoso sexual, en muchas organizaciones reciben, o bien una respuesta basada en el silencio o bien una negación de los hechos, sustentados argumentos a favor del agresor. Dichos argumentos no suelen basarse en evidencias sobre los hechos sino en la atracción que dicho agresor genera, por sus aspiraciones de poder, de estatus, o por su atracción a las masculinidades violentas, las tradicionales dominantes. Encubiertos de aspectos físicos, argumentos como “pero es que es muy guapo” “¿a ti no te gustaría?”… algunas mujeres evidencian así su atracción hacia estos modelos, lo que impide romper de raíz con estas actitudes y poderlas transformar dentro de las organizaciones.

La opacidad, el silencio y el empoderamiento a través de la atracción hacia los agresores, beneficia únicamente al sexismo y al machismo, anulando cualquier posibilidad de transformación. Afortunadamente, en la sociedad, como en las organizaciones, siempre hay personas que valientemente se posicionan contra los acosos y contra quienes los ejercen, a pesar de todas las resistencias. El silencio perpetrado por parte de una de las formaciones políticas, que salió a la luz el pasado lunes, evidencia todos los elementos comentados, que no se entienden sin comprender la enorme atracción que generaba en algunas chicas, aun sabiendo que presuntamente ejercía acoso. 

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