El pasado 28 de agosto, Polaris, la organización dedicada al desarrollo de  investigaciones dirigidas a luchar contra el tráfico sexual y laboral de personas en Norteamérica, publicaba un artículo en el que resumía las aportaciones de algunas de las investigaciones más importantes sobre la captación de víctimas menores para la explotación sexual. 

Una de las advertencias que podemos encontrar en este artículo es que, al contrario de lo que mucha gente puede imaginar, las víctimas infantiles de trata no suelen ser raptadas tal como entendemos generalmente un secuestro. Muchas personas pueden pensar que el peligro está en que de repente aparezca un vehículo y unos desconocidos se lleven al niño, la niña o joven, se los lleven a otra ciudad o país, les droguen para a continuación hacer de ellos cualquier uso. No significa que no ocurra, pero lo que la organización pretende poner de relieve con este post, porque así lo demuestra la investigación, es que los métodos que se usan habitualmente y en la mayor parte de los casos no son esos. 

En primer lugar, las evidencias demuestran que los traficantes tienden a aprovecharse de las personas que son vulnerables social o económicamente como las y los jóvenes que viven en la calle, si han sufrido abusos físicos o sexuales o han adquirido alguna adicción. Aprovechándose de su situación, se hacen pasar por alguien que realmente tiene interés en ellas o ellos, en sus problemas, preocupaciones y en ofrecerles su amistad y apoyo. En otros casos, incluso es otro “igual”, es decir, otra persona de su edad más o menos, la que está al servicio de los traficantes y entabla esa falsa relación. Esto ocurre en espacios públicos, a plena luz del día, rodeados de gente y frecuentados por adolescentes, como pueden ser los centros comerciales, los alrededores o la salida de los centros educativos, espacios deportivos, etc. 

Esto mismo, si nos trasladamos al espacio on line, se da a través de las redes sociales con anuncios o falsas promesas que puedan resultar atractivas a las personas jóvenes como, por ejemplo, pruebas de casting para diversos fines. Cabe advertir que, aunque existe un grupo de población con mayor riesgo por el hecho de arrastrar una serie de problemas que los hacen más vulnerables, las niñas, niños y/o adolescentes procedentes de familias estables y preocupadas por su bienestar son susceptibles de ser captadas igualmente. 

Así pues, el uso de estos métodos no hace necesario un secuestro violento, sino que la manipulación llega a tal extremo que la víctima, una vez confía en el traficante, puede llegar incluso a presentarse y prostituirse sin que nadie se lo pida explícitamente. Si bien manipular la voluntad de las personas es un acto rastrero y exento de principios en cualquier contexto, en este caso las supervivientes atestiguan que el resultado pasa, entre otras cosas, por quedar encadenadas a sus explotadores ya que perciben que han sido ellas quienes eligieron ejercer la prostitución, lo que las sume en un profundo sentimiento de vergüenza, culpa o autoculpa y dificulta mucho que puedan dejarlo.

Debido a todo esto, es muy importante que las familias y personas del entorno, docentes, personal educador, todas aquellas personas que forman parte de una comunidad educativa o tratan con menores, conozcan las estrategias que tienen los traficantes para atraer progresivamente a sus víctimas. Con este objetivo, Polaris propone algunos consejos, extraídos a partir de las conclusiones a las que llegan las principales investigaciones, para ayudar a las personas más jóvenes: 

  • El tráfico sexual infantil es una lacra social que existe; usando diferentes estrategias para hablar con las niñas y los niños de ello, en función de su edad y sin crearles miedos innecesarios, conviene visibilizarlo y que sepan que esto ocurre.
  • Es conveniente que las personas adultas nos mantengamos informadas e informemos a las niñas y niños sobre qué y cómo es la trata de personas y cómo pueden protegerse de ella.
  • Las familias especialmente y las personas cuyas profesiones giran alrededor de la infancia y la juventud deben comprender y conocer los factores que, según demuestran las investigaciones, elevan la vulnerabilidad  y el riesgo de ser víctimas de trata.
  • Construir un clima de confianza con los y las niñas para que siempre sientan la seguridad de poder dialogar sobre sus preocupaciones e incluir diálogos sobre cómo pueden responder o alejarse de determinadas situaciones incómodas o desagradables antes de que se vuelvan realmente peligrosas. 
  • Reflexionar con las personas jóvenes sobre qué significa y quiere decir seguridad on line y cuáles son los riesgos de compartir información personal con personas extrañas y el riesgo de que éstas sean perfiles falsos. 
  • El apoyo a las organizaciones que trabajan para la prevención del tráfico sexual infantil y a las personas supervivientes es muy importante en la lucha por su erradicación.

Podemos estar preocupadas por la posibilidad de secuestro, no significa que no ocurra, pero las evidencias muestran que un 10% o menos de las víctimas de trata han sido captadas de esta forma. Es importante que eduquemos a niñas, niños y jóvenes para que no se vayan con cualquier persona extraña, pero, mientras estamos atentas o atentos a esto, podemos descuidar otras formas, más frecuentes y sibilinas de captación. Conocerlas y comprenderlas ayudará a las comunidades a prevenirlas. 

 

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