Toda acción se queda corta cuando hablamos de human trafficking o trata de seres humanos. Pero la buena noticia es que hay evidencias científicas que demuestran que las personas, tanto individualmente como estando al día de qué es lo ocurre y comunicando información correcta, podemos actuar y luchar para reducir y eliminar esta lacra de nuestra sociedad. Hay evidencias de que esto es posible a gran escala como en el caso de Estocolmo pero también a pequeña escala, como cuando nos podemos posicionar de manera activa en contra de ello, como los camioneros americanos o la campaña Just Ask.

En la evidencia más reciente descrita en el artículo They Are Not Romeo Pimps, They Are Traffickers: Overcoming the Socially Dominant Discourse to Prevent the Sex Trafficking of Youth [No son Romeo-proxenetas, son traficantes: superar el discurso socialmente dominante para prevenir la trata sexual de jóvenes], la investigación se centra en el discurso social para poder prevenir la trata de jóvenes con fines de explotación sexual. Las interacciones sociales pueden ser una pieza fundamental en la lucha contra el trafficking y conocer cuáles son las estrategias adecuadas para limitar las relaciones íntimas coercitivas que los traficantes llevan a cabo con las víctimas para así engañarlas y reclutarlas, es de vital relevancia. 

Según la investigación, haber profundizado en cómo se lleva a cabo el reclutamiento y haber analizado esas técnicas desde el punto de vista del lenguaje de deseo, desde un punto de vista cualitativo, ha permitido conocer parte del lenguaje utilizado. Referirse a los proxenetas como Loverboys o Romeo Pimps parece que reduce la violencia que hay detrás, que suaviza las acciones y hace que las victimas sean aun más vulnerables ante los traficantes con fines de explotación sexual. 

Conocer la realidad que hay detrás de las estrategias que usan los proxenetas para reclutar a sus víctimas, es primordial. Empezar por sacar a la luz qué hay detrás de las palabras que consiguen convencer a base de engaños a tantas chicas jóvenes, es vital. Comenzar por cambiarlo y salvar vidas en base a evidencias científicas está en nuestras manos.

 

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