Cuando escribo este texto hace sesenta y nueve días desde que empezó el estado de alarma. En el sistema educativo seguimos haciendo todo lo que sabemos y podemos, pero se han visibilizado carencias importantes. Ante la amenaza de un nuevo rebrote el próximo curso todo el proceso on line se acelera, pero se ignora que el cambio educativo implica, también ideología educativa, y que tenemos que tener muy claro el tipo de universidad que defendemos.

No es solo trasladar lo de antes on line, es que estamos en otro lugar y además de TIC, hay que tomar un posicionamiento nítido a favor de la educación pública y democrática, sabiendo qué queremos transformar, por qué no servía lo anterior y justificar las alternativas. Queremos transformar lo que había a mejor, no retroceder e ir a peor. Hoy he encontrado otra perla en mi universidad, se solicita nuestra participación voluntaria en encuestas de diversos proyectos de investigación relacionados con el COVID-19. He entrado en el proyecto que me ha parecido más interesante dispuesta a colaborar y cual no ha sido mi sorpresa al encontrar un texto encabezado por un bolsón de dinero con el símbolo del dólar, con un mensaje que nos alentaba a hacerlo, porque por cada tramo contestado se ofrecen tickets (hasta 10) y al final quién gane será recompensado-a con 50 euros. Es antieducativo. En lugar de alentar el compromiso académico, el compromiso cívico, el incentivo parte de un bolsón de dinero recogiendo la iconografía del Tío Gilito. No, no es está la universidad que queremos, que defendemos, por la que trabajamos.

Otro aspecto que el profesorado de toda la universidad pública venimos visibilizando es la obsesión enfermiza con la vigilancia del estudiantado en los próximos exámenes, muy sintomática del modelo educativo y de evaluación que se defiende: neoliberal, punitivo. Se acerca más a la visión distópica de Orwell en su novela 1984 – publicada hace setenta y un años, con una vigilancia masiva que controla a la ciudadanía-, que a lo que debe ofrecer una universidad humanista.  Se olvida de que la evaluación, como ya han demostrado autoras como Jan McArthur (2019), también tiene un importante componente de justicia social y que hay prácticas adecuadas e inadecuadas. La tecnología educativa orientada a la vigilancia y al control no es defendible, como práctica adecuada, en una universidad humanista. Si lo es en una universidad neoliberal. Como señala Enrique Diez “Las corporaciones que controlan esta globalización [neoliberal] están obligando al mundo a hablar su idioma, a absorber su cultura y las élites políticas nacionales se suman entusiasmadas imponiéndolo en las escuelas”. Naomi Klein define una Doctrina del Shock pandémico, a la que denomina el nuevo pacto o New Deal de las Pantallas (Screen New Deal), evidenciando el riesgo de que esta política de las corporaciones  destruya al sistema educativo y al sanitario. Les sobran las aulas físicas, por ejemplo. Klein denuncia la ideología de estas corporaciones, expresando: “es un futuro que afirma estar basado en la «inteligencia artificial», pero en realidad se mantiene unido por decenas de millones de trabajadores anónimos escondidos en almacenes, centros de datos, fábricas de moderación de contenidos, talleres electrónicos, minas de litio, granjas industriales, plantas de procesamiento de carne, y las cárceles, donde quedan sin protección contra la enfermedad y la hiperexplotación.

Es un futuro en el que cada uno de nuestros movimientos, nuestras palabras, nuestras relaciones pueden rastrearse y extraer datos mediante acuerdos sin precedentes entre el gobierno y los gigantes tecnológicos. […] Ahora, en medio de la carnicería de esta pandemia en curso, y el miedo y la incertidumbre sobre el futuro que ha traído, estas corporaciones ven claramente su momento para barrer todo ese compromiso democrático.[…] El problema no es si las escuelas deben cambiar ante un virus altamente contagioso para el cual no tenemos cura ni vacuna. Al igual que todas las instituciones donde los humanos actúan en grupos, las escuelas cambiarán. El problema, como siempre en estos momentos de conmoción colectiva, es la ausencia de debate público sobre cómo deberían ser esos cambios y a quién deberían beneficiar. ¿Empresas tecnológicas privadas o estudiantes?”.

 La evaluación sigue siendo un punto ciego y debemos abordar lo que está ocurriendo para ser conscientes de a dónde nos dirigimos. Existen opciones como que, dada la situación, el estudiantado se comprometa con un código ético. ¿De verdad se está pensando en proteger al estudiantado, en un contexto de pandemia que a muchos-as ha afectado psicológicamente por todo lo que ha vivido?. ¿No tiene nada que decir el profesorado, ni el estudiantado al respecto?. La larga sombra de la brecha digital también nos alcanza. En mi universidad, por ejemplo, se envía portátiles al estudiantado que no dispone de ellos. Pero hay que ir más allá al hablar de evaluación, ¿y si no hay cobertura en su pueblo, por ejemplo?, y abordar aspectos más serios como el propio contexto de una pandemia global. Un elevado número de estudiantes, como sucede en la Universidad de Granada,  ya han manifestado sus dudas sobre este ‘proctoring’, esta vigilancia on line; entre las razones hay una que me parece importante, consideran que se está dudando de su honradez. También habría que escucharles cuando, como ha informado la prensa, denuncian que algunos profesores-as no siguen las recomendaciones acordadas por los Consejos de Gobierno de los centros para llevar a cabo la evaluación online durante el confinamiento que dio lugar a ‘#vergUGRenza’ , ‘UCMNoRespeta’, ‘QuemadUS’, ‘UneatEscúchanos’, ‘AsiNonUvigo’, ‘AsiNonUSC’ , la ‘UAnoactUA’ o ‘laUVAnoResponde’ , estudiantado de  diversas universidades, muestran preocupaciones similares.

 El futuro no va a remediar esto, a juzgar por los cursos de formación sobre cuestionarios en línea, que proliferan. La educación on line también tiene ideología. Cuando los procesos además ignoran las voces del profesorado y del estudiantado, vienen de arriba abajo, debemos plantearnos el tipo de modelo educativo, de ideología educativa que se está defendiendo. Otra educación es posible, ya lo hemos demostrado antes de este punto de inflexión y, ahora, debemos vindicarla y defenderla también desde la educación on line, una educación que no se centre exclusivamente en los contenidos y las herramientas TIC uniformizadas, y siga favoreciendo el debate, el pensamiento crítico, la libertad de pensamiento y, consecuentemente, la democracia en el ámbito académico e investigador. Esta preocupación por el tipo de  transformación educativa y de  ciudadanía por los que vamos a trabajar no es ninguna tontería, de hecho, ya se ha impulsado la Internacional Progresista  avalada por más de 40 intelectuales de todo el mundo,  e integrada por  personas como Noam Chomsky, Naomi Klein, Bernie Sanders o Yanis Varoufakis, entre muchos-as más,  para unir, coordinar y movilizar a activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad.

Save the Children en su informe  en el que aborda los problemas más importantes del sistema educativo en la situación de pandemia, reclama 4.200 millones para el sistema educativo, entre otro aspectos contratando más personal de apoyo para que nadie se quede atrás. Enrique Diez, vindica presupuestos escandalosos para cuidar la vida en común, el 7% del PIB, pasar de 40 mil millones a 70 millones, al menos lo mismo que gastamos en armamento. Este investigador ha realizado la primera investigación sobre el contexto educativo de la pandemia a partir de la voz de las familias y del estudiantado Educar y Evaluar en Tiempos de Coronavirus: la Situación en España”.

La delegación de la conciliación laboral-familiar en la escuela, desde un concepto de aparcamiento, la antítesis de la educación, sigue aflorando, Alicia Alonso reclama que “en la situación de desescalada que nos afecta, es imprescindible que las administraciones faciliten la conciliación laboral y familiar, en especial a las familias más vulnerables y con menos recursos para resolverlo. Pero es preciso hacerlo desde su acepción original: el mundo de la empresa y de las administraciones. No puede hacerse desde un concepto que no respeta los derechos de la infancia, que no existe y quiere implantarse: el de la conciliación laboral-escolar”.

En este momento hay más de 1800 ensayos clínicos con seres humanos en el mundo. Algunos de estos casi dos mil ensayos, ya han dado resultados positivos como el de la empresa norteamericana Moderna . Un anticuerpo de un paciente que superó el SARS, se ha mostrado efectivo contra el virus de la Covidien-19. Trabajar codo con codo para salir de ésta, eso es lo importante y así también lo reclaman las y los científicos. El epidemiólogo que anticipó la pandemia que estamos viviendo, el estadounidense Michael T. Osterholm, nos avisa ahora de nuevas pandemias , abogando por un compromiso internacional para repartir la fabricación de fármacos y equipos de protección en todo el mundo, evidenciando: “después de la enfermedad, la muerte, la desestabilización y las pérdidas económicas que ha causado la pandemia del Covidien-19, la mayor tragedia sería que  menospreciáramos esta crisis sin aprender nada ni prepararnos para el futuro “. 

 La hidroxicloroquina, concentra la quinta parte del total de esos 1800  ensayos clínicos que hemos comentado. Hace dos días Trump anunciaba que tomaba este fármaco, contra el Covid-19, desaconsejado por los expertos-as y con efectos secundarios importantes. Trump siempre oportuno, siempre didáctico para con la ciudadanía. De paso tras suspender en abril la aportación a la OMS, amenaza con salir definitivamente de la organización si no demuestra independencia de China. Trump también ha despedido al científico que tenía el encargo de dirigir la preparación de las vacunas porque criticó las recomendaciones que había hecho el presidente. Otro gobernante Bolsonaro, sigue negando el coronavirus y es contrario al confinamiento. El domingo 17, participó en una manifestación a su favor acompañado por once ministros. No dejemos de pensar a qué partido político han servido de modelo, en sus propuestas,  Trump y Bolsonaro en nuestro país. 

Habrá también que responsabilizarse de las acciones que se han llevado a cabo. Según el documento ‘Medidas generales para contener el impacto de la crisis del COVID-19 en las residencias de carácter social’, la Junta de Castilla y León ordenó a finales del mes de marzo que los ancianos y las  ancianas de las residencias enfermos de COVID-19 no  se trasladaran a los hospitales y cambió de criterio el 16 de abril, cuando el peor pico de la pandemia había pasado.

En la última entrevista a Noam Chomsky que he leído, Ricard Ustrell le pregunta cómo describiría la vida, y Chomsky le responde: “Como una aventura emocionante; nunca ha sido más emocionante que como lo es ahora. Nos encontramos con preguntas que nunca nos habríamos planteado en toda la historia. Podemos tratar de dar respuestas o podemos dejar simplemente que nos pasen por encima y nos destruyan. La gente joven podrá tomar opciones que le ayudarán a determinar el futuro y plantearse cosas que ponen mucho poder en sus manos. Pueden ir hacia una vida mejor o dejar que pase lo peor. Son momentos emocionantes”. Anoche en casa, cenamos patatas de la huerta de nuestro vecino, el señor Joaquín. Ante tanta necesidad malsana de control y vigilancia, hay que vindicar las estrellas que iluminan esa huerta, y las redes de afecto y cuidado que nos regalan esperanza, que nos hacen sentir emoción por el futuro. También son ideología. Son imprescindibles. Porque no queremos que el Gran Hermano nos vigile.

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