Mulleres redeiras. Foto Community

El trabajado de las rederas gallegas en la fabricación y reparación ha sido siempre fundamental en el colectivo pesquero, y ha sido históricamente realizado por mujeres. Por ello, llevan años luchando por el reconocimiento de su oficio y por unos derechos laborales justos. 

Su lucha comenzó durante el franquismo con María Chea. Esta mujer de Cangas (Galicia) fue castigada con la humillación pública habitual en aquella época en la que rapaban la cabeza a las mujeres. María era redera, y pedía la jornada laboral de ocho horas. 

Actualmente, la reivindicación por la que están movilizándose es el acceso a la jubilación anticipada. La reparación de redes implica pasar muchas horas en naves húmedas y frías en una misma postura, además de la ejecución de movimientos repetitivos y gestos forzados que ocasionan trastornos musculoesqueléticos y más molestias físicas graves. 

Desde la Federación Gallega de Rederas acudieron hace un año al Ministerio de Trabajo para la petición de jubilación anticipada. Sin embargo, debido a un error de forma, el Instituto Social de la Marina se la denegó. Lejos de rendirse, deciden empezar de oficio el procedimiento administrativo, pero son informadas de que el proceso será llevado a cabo desde la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores, eminentemente masculina en la que no tienen voz para tomar decisiones. Han llegado a escribir a la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. Están dispuestas a llegar hasta el Tribunal de Estrasburgo, pero es lo último que quieren ya que llevaría un proceso tan largo que no llegaría a ayudar a las mujeres que tanto lo necesitan actualmente.

Estas mujeres tienen nombres propios. Geli es una de ellas, al igual que su antecesora María, trabaja en el Puerto de Cangas desde los 12 años cuando ya ayudaba a su madre, Evangelina. Tiene que mover redes de 180 kilos, trabajo que antes hacían entre cuatros hombres. O Chus, que continúa trabajando cuando ha tenido que ser operada de los tendones en ambas manos y no puede referirlo como enfermedad laboral. También Soni, que a la edad de 44 años acaba de volver a trabajar tras tiempo de baja por un cáncer basal originado por las largas exposiciones al sol que tienen que aguantar cuando las naves en las que trabajan están tan llenas de redes que ellas no caben dentro. 

Son mujeres que aman el mar y son conscientes de lo imprescindible de su trabajo. Por ello, no van a rendirse en su lucha solidaria, por garantizar unas condiciones laborales tanto para las mujeres que lo necesitan ya, como para las que vengan detrás.

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