Cuando algunas feministas consideran a Simone de Beauvoir una leyenda caducada, el politólogo y filósofo Sami Naïr escribe un libro que recupera su figura. Lo titula, Acompañando Simone de Beauvoir. Mujeres, hombres, igualdad, y el autor, además de haber investigado, tiene a su favor que la conoció en persona. 

En opinión de Naïr, la trayectoria de Beauvoir merece actualmente más atención que la de su compañero Jean-Paul Sartre. Su ensayo, El segundo sexo, está siendo más leído y estudiado que los libros de Sartre, el cual, en 1964, fue previsto por la Academia Sueca como premio Nobel de Literatura. El filósofo y escritor rechazó por anticipado el galardón por considerarlo mancillado políticamente, mientras que Beauvoir, autora de ensayos, novelas y memorias, nunca fue tenida en cuenta por la institución sueca.

En El segundo sexo encontramos unas primera y última frases dignas de ser mencionadas: “Este mundo siempre ha pertenecido a los hombres”, nos dice en un principio, para concluir apostando por “una sociedad basada en la fraternidad”.  Que en 1949 se hiciera constar sobre papel la ancestral y absoluta dominación masculina constituía una novedad, pese a que ahora se nos antoje obvio. Sin embargo, Beauvoir fue pionera. Por lo demás, la sociedad fraternal por la que abogaba venía a mostrar la predisposición femenina a una amistad entre sexos que por lógica lleva implícita la igualdad. Si el camino hacia esta meta va resultando tan largo, tan solo cabe achacarlo a que no existe suficiente buena voluntad por la parte masculina.

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