Una de las problemáticas que más urge solucionar es la violencia hacia las mujeres a manos de hombres violentos, que a menudo termina trágicamente. En Italia, al igual que en muchos otros países del mundo, se estima que 142 mujeres fueron asesinadas en 2018 y 123 en 2017 por violencia machista. De estas cifras se estima también que 119 fueron asesinadas por sus maridos, parejas o compañeros. En el caso de Italia, Sara di Pietrantonio y Stefania Formicola fueron dos de las demasiadas víctimas de estos horribles sucesos.

En lo que va de año 2019 ha habido 95 feminicidios aproximadamente, que incluyen los casos de violencia doméstica, violaciones y acoso. Hace justamente una semana, con motivo del 25 de noviembre Día Internacional de la Mujer, unas 10.000 personas salieron a las calles de Roma para protestar contra la violencia a la que se ven expuestas las mujeres así como para visibilizar la figura femenina. Una de las claves de esta manifestación en el contexto de Italia fue, precisamente, adoptar nuevas políticas para tratar estos casos de feminicidios y proporcionar más herramientas de ayuda a las mujeres que están siendo maltratadas, sea psicológica o físicamente. 

Plataformas como Donne in Rete contro la violenza o Non una di meno pusieron el foco de atención en ello. Aseguran que quienes perpetran dichos sucesos suelen ser figuras masculinas violentas que se niegan a que su pareja, compañera o expareja quiera alejarse de ellos. Esto conlleva, para las víctimas, la reducción de posibilidades de salir de su situación. Precisamente, una de las medidas que se han tomado para facilitar, tanto a las mujeres como a sus  hijos e hijas, esa salida es crear refugios en los que voluntarios y voluntarias les ofrecen camas y protección. Un ejemplo es el refugio Casa Lucha y Siesta, establecido en una antigua estación de Roma en 2008.

Y, aunque el pasado sábado 24 de noviembre el Ministro de finanzas italiano, Roberto Gualtieri, anunció que se destinarían doce millones de euros en fondos de ayuda a los hijos e hijas de las mujeres asesinadas, la ciudadanía italiana va más allá. Se reclama que el gobierno no solamente ofrezca fondos para contribuir a las herramientas de ayuda como los refugios, sino que señale a los violentos como es debido, pues muchas de las penas que se imponen no son suficientes; en pocos años esos violentos volverían a estar libres de nuevo. Otro de los puntos de los que se habla también, y no menos importante, es el posicionamiento de los medios: se reclama que estos no romanticen situaciones de violencia, alegando que los perpetradores se dejan llevar por la pasión. Los y las valientes sabemos que eso no es verdad, que la pasión y el amor no son sinónimos de violencia. ¿Por qué, entonces, engañar a la ciudadanía?

De esta forma, se mostraría a las generaciones actuales y futuras que la violencia no es una opción justificable, que las mujeres merecen nuestro apoyo y herramientas, como son los refugios que reducen, al menos, el número de víctimas. Así mismo, seguimos haciendo hincapié en el papel de los medios, en lo esencial que es nuestro posicionamiento para marcar la diferencia y generar el impacto positivo en la sociedad.

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