Por una vez, ha existido concomitancia entre el fútbol y el interés por las condiciones sociales. No es algo que se dé cada día, pero ha sucedido que un club, el RCD Español, ha financiado un estudio sobre las necesidades de las personas mayores de 80 años. Encuadrado en un acuerdo con el Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs, se ha investigado la forma de vida de la población que, cumplidos ya los 80 años de edad, no convive con parientes más jóvenes o vive sola.

De las 304 personas entrevistadas, la mayor parte pertenecen al rango de entre 80 y 84 años, seguidas por las que alcanzan los 89, y por una minoría que llega a los 94 años. Cerca de un 40% no ha completado los estudios de secundaria, y más de la mitad vive sola en su domicilio. ¿En qué condiciones? Muchos de los pisos requieren ser acondicionados, y la mayor parte de sus habitantes utilizan butano para cocinar, no siendo dable obviar el peso de las bombonas. En cuanto a la defensa contra el frío, se usan calefactores, pero también un utensilio que muchas mentes ya tienen olvidado, mientras que otras ni tan siquiera han oído nombrar: el brasero.

Las estrecheces no son, sin embargo, lo que más duele a muchas de estas personas, sino la sensación de soledad. Algunas de las que no viven acompañadas reciben visitas de algún pariente o amigo solo un par de veces al mes. Y por sorprendente que parezca, hasta un 68% ignora la teleasistencia, un servicio que les proporcionaría seguridad y cierta percepción de acogida. Sin duda, ni ellas saben dónde acudir para solicitarlo ni la Administración se ocupa de ofrecérselo. 

La vida debería ser buena, lo máximo de buena posible, a cualquier edad, pero en grado sumo habría de serlo, lo máximo posible, en las edades avanzadas. Cuando se debate sobre la eutanasia y la buena muerte, convendría debatir a fondo sobre la buena vida que las personas entradas en años merecen. 

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