Estaba un día en la cola de la discoteca con una amiga, no parábamos de hablar y reír. Dos chicas detrás de nosotras se nos quedaron mirando y, de repente, nos preguntaron: “¿Cuántos años tenéis?” Nosotras respondimos que 16 años. Entonces, una de ellas dijo que ahora entendía por qué nos lo estábamos pasando tan bien y que, sin embargo, cuando tuviéramos su edad, salir ya no nos parecería tan divertido. Les preguntamos cuántos años tenían ellas, dijeron que 25. Mi amiga y yo nos quedamos en shock. ¿Será cierto que a los 25 ya no nos divertiremos? ¿Le pasa a todo el mundo o solo les ha pasado a ellas? La verdad es que en esa cola no había mucha gente mayor de 25. Entonces… ¿nos quedaban menos de 10 años de diversión? Quizás alguna mujer de 25 años lee esto y piensa : “Yo no estoy de acuerdo… pero sí pasa a los 35..”, y una de 35 quizás dirá: “No estoy de acuerdo.. pero pasa a los 45..”, y así podría decirse sucesivamente.

El sexismo se ha encargado de decirnos a las mujeres lo que no podemos hacer y lo que sí, por ser mujeres. El edismo, publicado por Flecha,  otra gran discriminación, quiere decirnos a las personas qué podemos hacer y qué no podemos hacer por nuestra edad. Ambos actúan e interactúan en contra de nuestra libertad. ¿Hay una edad para divertirse?, ¿Hay una edad para aprender un idioma nuevo, para viajar, para hacer deporte, para reír, para enamorarse? Y la pregunta principal: ¿Hay acaso una edad para dejar de tener una vida plena y activa, en el estilo de cada persona,  en la vida cotidiana del día a día? Sabemos que no, porque la ciencia nos dice que lo que realmente da una vida plena no es la edad, sino las interacciones que estableces.

Se comenta que una persona que supera cierta edad y pretende “ir de joven” teniendo determinadas actitudes, que son más “postureo” que naturales, lo que hace es el ridículo. Estoy de acuerdo, es el mismo ridículo que hacen las y los menores de edad que pretenden “ir de mayores” con determinados comportamientos. Cualquier persona que pretenda “forzar” una actitud por aparentar algo que no es tiene la posibilidad de hacer el ridículo. 

La superación  del edismo no se centra en forzar comportamientos socialmente considerados propios de una edad diferente a la que se tiene. La superación del edismo es un camino hacia la libertad, la libertad de que cada persona decida y viva su vida sin encorsetamientos sociales. Romper con los discursos dominantes que nos prohíben y/o nos obligan a tener determinados comportamientos porque “nos tocan por edad” y que lo único que consiguen es reprimir a algunas personas y abocar a otras a hacer el ridículo. Por suerte, cada vez hay más personas, mujeres y hombres, que viven vidas plenas y satisfactorias sin cuestionarse constantemente si lo que hacen corresponde a su edad. 

Ahora, cada vez que estoy en la cola de una discoteca me acuerdo de aquel momento y pienso que ojalá también aquellas chicas hayan roto con el edismo que las oprimía y confío en que, con interacciones de calidad, habrá sido así.  

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