Imagen Universidad de Wisconsin-Madison

Hace tres semanas llegué a la Universidad de Wisconsin-Madison para hacer un doctorado. Estas tres semanas he sido testigo del increíble ambiente de trabajo que hay – ¡el curso académico no ha empezado aún y las bibliotecas ya están llenas de estudiantes preparándose para las clases! Pero lo que más me ha sorprendido es cómo tratan aquí el acoso sexual, cómo hablan abiertamente de él en diferentes espacios y los numerosos recursos que hay en el campus para prevenirlo y superarlo.

Para empezar, todos los y las estudiantes de máster, doctorado y profesionales debemos hacer un curso online sobre la prevención de la violencia en el campus. En él se nos presentan diferentes situaciones de acoso sexual o dating violence (violencia en la pareja o en los ligues), se nos pregunta cómo deberíamos actuar ante tales situaciones, y después nos dan la respuesta y los diferentes recursos a los que podemos acudir.  

Por otro lado, en cada reunión que hemos tenido como nuevos y nuevas estudiantes, nos han hablado del acoso y de los diferentes mecanismos de los que dispone la universidad en caso de que necesitemos ayuda. Una iniciativa que me ha sorprendido especialmente es el SAFEwalk. Se trata de un programa accesible para todos y todas las estudiantes de la universidad que no quieran volver solos o solas a casa después de quedarse hasta tarde estudiando en la biblioteca o en cualquier otro sitio del campus. Cualquier estudiante que no se sienta seguro o segura de caminar a casa puede llamar o escribir un mensaje al teléfono del programa y en seguida vendrán dos personas a acompañarle hasta casa o, si vive fuera del campus, hasta la parada de bus más cercana. 

Este y los numerosos centros y recursos para hacer frente al acoso muestran la importancia que dan las universidades norteamericanas a este problema que reconocen que existe y, por lo tanto, tienen el compromiso de buscar todos los mecanismos posibles para erradicarlo. En cambio, muchas universidades españolas han intentado esconder el tema negando que exista en nuestros campus y, por lo tanto, sin buscar los recursos suficientes para hacerle frente. Sin embargo, podemos aprender de las experiencias norteamericanas para mejorar también nuestras universidades y hacer que sean espacios libres de violencia.

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