Las voces que han llegado a decir que debieran violar otra vez a Ainhoa Arteta ha sido la gota que ha derramado un vaso ya lleno de ataques indiscriminados que son enormemente perjudiciales para la lucha contra el acoso sexual y para el feminismo. Ha habido una denuncia de nueve posibles víctimas de acoso sexual; son sus testimonios y hay que escuchar sus voces con respeto. Placido Domingo ha reconocido parcialmente comportamientos machistas; ahora, tal y como ha decidido la Ópera de los Ángeles, hay que abrir una investigación para clarificar si estas acusaciones son probadas o no. Mientras tanto se mantiene la presunción de inocencia, tal y como se hace en cualquier sociedad democrática que se preocupe por atender las denuncias de acoso sexual con rigurosidad. Hasta que no se salga la resolución de la investigación, los testimonios y el propio reconocimiento parcial de Domingo lleva a que varias instituciones de USA hayan tomado la medida cautelar de suspender sus actuaciones a la espera de la investigación y eso es lo que debiera hacerse también en Europa.

Sin embargo, no todo vale para atacar a Plácido Domingo o a Ainhoa Arteta por ponerse a su lado, las críticas deben ser consecuentes con los valores feministas y no deslizarse hacia las actitudes más propias de la época de los linchamientos y la inquisición.  Si para atacarle se usan argumentos y actitudes enemigas de la libertad que tanto nos ha costado lograr, se están favoreciendo los acosos en lugar de disminuirlos. Arteta ha tratado de defenderle, se habrá equivocado o no (en nuestra valoración sí ha cometido una grave equivocación) pero eso no es motivo para desear que la vuelvan a violar, ella también es una mujer víctima de violencia sexual.

Otro de los ataques que va contra la libertad sexual es acusar a Domingo de que ya decía que le gustaban las mujeres. Las feministas llevamos mucho tiempo luchando para conseguir que cada persona pueda tener o no tener las relaciones sexuales que desee con quienes desee. Tanto nosotras como hoy ya las constituciones democráticas defendemos por igual a la persona que decide libremente ser virgen y a quien ha tenido o tiene relaciones sexuales con muchas personas. Muchas feministas decimos con frecuencia que nos gustan los hombres, otras y otros que les gustan las mujeres; criticar eso es atacar la libertad sexual.

También se ha atacado la libertad sexual aludiendo a la edad de Plácido Domingo. Cada persona adulta tiene hoy libertad sexual protegida por las legislaciones democráticas para tener con otras personas adultas las relaciones sexuales que quieran tener sin ninguna discriminación de clase social, etnia, género o edad. Es una lástima que intelectuales a veces con muchas citas en temas de género (como Simone de Beauvoir o Foucault) defendieran la despenalización de la pederastia, eso no es libertad sexual sino una agresión radicalmente rechazable. Pero a partir de la edad adulta legal, entrar en críticas de edad es no solo edismo, sino también un ataque a la libertad sexual.

Para seguir avanzando, la lucha contra el acoso sexual tiene que diferenciarse claramente de las actitudes y argumentos que atacan la libertad sexual. No todo vale.

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