Dice el Corán que los hombres son los protectores y los sostenedores de las mujeres, aunque también sostiene la igualdad y el respeto entre ambos sexos. Así, pues, todos los códigos resultan interpretables, y en Arabia Saudita durante siglos la primera acepción ha prevalecido por encima de la segunda y en contra de las mujeres. Hasta iniciado el siglo XXI, exactamente hasta el año 2017, no les fue permitido conducir vehículos. Un importante avance, el cual, por otro lado, lleva a desear que no sufran ningún percance al volante, ya que, sin duda, lo comprensible en un hombre no lo sería en una mujer. Cabe imaginar el bramido de los fundamentalistas ante cualquier accidente de una conductora.

Elucubraciones aparte, merece la pena comentar otros pasos hacia adelante que van obteniendo las mujeres sauditas. A partir de ahora, podrán solicitar por sí mismas un pasaporte y viajar solas. Hasta el momento, necesitaban el permiso de algún hombre de la familia, incluidos los hijos. Consideradas menores de edad durante toda su vida, tampoco podían pedir el divorcio, ni registrar el nacimiento de sus hijos, ni ser tutoras legales de ellos. Esto ha cambiado por mor de que el gobierno pretende ofrecer una catadura más en consonancia con sus aliados occidentales. Ya resultaba insoportable la imagen de bastantes mujeres huyendo del país en cuanto les era posible, incapaces de seguir soportando la esclavitud. 

Sea por motivos políticos, por el mero avance civilizatorio o por el activismo de muchas mujeres, lo cierto y alentador es que en Arabia Saudita se están rompiendo algunas barreras discriminatorias para las mujeres. Todo ello pese al clamor de los clérigos en favor de que persista la tutela masculina. Pero lo más probable es que sus protestan caigan en saco roto, por el simple y decisivo hecho de que el país está inmerso en un ejercicio para atraer inversiones internacionales. Si economía y derechos humanos van a la una, bienvenida sea la conjunción

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