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Mim Skinner, maestra en prisiones de mujeres, publicó en el reconocido periódico The Guardian, el pasado 22 de mayo, un reportaje sobre las mujeres embarazadas en las prisiones y los retos que eso plantea para la vida de los niños y las niñas. Skinner contribuyó en el desarrollo de un proyecto que pretendía mejorar la vida de las madres y las mujeres embarazadas en prisión. Según apunta en el reportaje, la prisión está llena de madres. Madres de hijos adultos, a los que visitan los fines de semana llevando a sus nietos y nietas; madres cuya maternidad está en pausa porque sus hijos están siendo atendidos por familias de acogida; madres cuyas madres están haciendo la maternidad por ellos, etc., siendo los más duros los casos de acogida u adopción de los niños y niñas por parte de otros familiares u otras familias, dado que no pueden vivir dentro de la prisión.

Según apunta la investigación Shackling and Separation: Motherhood in Prison  en Estados Unidos, entre el 5 y el 10 por ciento de las mujeres entran embarazadas en prisión, donde nacen aproximadamente 2,000 bebés anualmente. El mismo estudio denuncia las condiciones de las mujeres cuando dan a luz, así como en el tratamiento de las primeras horas de la madre y el bebé.

Aunque se trata de una problemática silenciada, ambos reportes apuntan a la necesidad de abrir espacios de debate y cuestionamiento de las condiciones de las mujeres en las prisiones del mundo para lograr un sistema social más igualitario.

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