Mary Jackson. Wikipedia

En otros artículos del Diario Feminista os hemos narrado historias increíbles de mujeres que han roto barreras para lograr sueños que parecían imposibles. Hoy os hablamos de Mary Jackson, la primera ingeniera afroamericana de la NASA. Jackson, matemática e ingeniera aeroespacial, alcanzó el puesto más alto posible para ingenieros dentro de la NASA; pero su labor no quedó allí. Después de 34 años en la NASA, dedicó mucho tiempo y esfuerzo a contribuir en la contratación y promoción de mujeres en la NASA como directora del Federal Women’s Program en la oficina de Igualdad de Oportunidades y del Affirmative Action Program.

Jackson se graduó en matemáticas y comenzó a trabajar como profesora tanto en el instituto como en la universidad. En 1951 inició su trabajo en el Comité Consejero Nacional para la Aeronáutica y más tarde como computista en el Centro de Investigación de Langley (Virginia). En 1953 empezó a trabajar en el Túnel de Presión Supersónico para Kazimierz Czarnecki, quien pronto la animó a estudiar ingeniería. Siendo madre, tuvo que compaginar su trabajo con los cursos nocturnos, licenciándose finalmente en Matemáticas y Física. Además del esfuerzo que le supuso estudiar al mismo tiempo que trabajaba, tuvo un muro más que derribar: la universidad en la que se licenció solo admitía personas blancas, por lo que tuvo que presentar una petición al ayuntamiento de Hampton para que le permitieran ir a clase. Tras licenciarse, fue promovida a ingeniera aeroespacial, convirtiéndose en la primera mujer negra ingeniera en la NASA.

Historias de esfuerzo, lucha y superación como las de Jackson (retratada en la película Figuras Ocultas) hacen de referentes de éxito para quienes venimos detrás, mostrando que, con voluntad y esfuerzo, cualquier sueño es posible.

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