Durante los últimos años uno de los mayores avances en la investigación del cáncer ha sido el desarrollo de terapias dirigidas. Estas terapias son diseñadas para actuar contra las células del cáncer exclusivamente, sin dañar a las células no cancerígenas. Desafortunadamente, los avances en esta dirección están siendo muy lentos, y es que las células cancerígenas han sido capaces de “esconderse” para no ser fácilmente detectadas.

Generalmente los indicadores con los que se trabaja para diferenciar células normales de las cancerígenas se encuentran en la superficie de la célula. Con la última investigación liderada por la Dra. Laura Soucek, investigadora ICREA del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO), ha habido un cambio de paradigma. El grupo de investigación se ha focalizado en la inhibición de una proteína llamada MYC, común en muchos tipos de cáncer y de la que depende la viabilidad de los tumores. Aunque la actividad de MYC ha sido ampliamente estudiada, desactivarla parecía algo imposible.

El principal obstáculo para llegar a una desactivación de MYC es que esta proteína se encuentra en el núcleo celular y no en la superficie, esto significa que para llegar a ella se deben cruzar dos barreras: la membrana exterior de la célula y la membrana nuclear. Otro impedimento a superar era que MYC no solo se encuentra en las células cancerígenas, sino que también se expresa en las células normales.

Con el fármaco Omomyc se ha conseguido no solamente superar las dos barreras, sino que además se ha comprobado que la desactivación de la proteína MYC genera la muerte celular en los tumores, sin efectos secundarios. Se ha comprobado que las células cancerígenas son dependientes de MYC (sin ella no proliferan) mientras que el crecimiento de las células normales no depende de la misma manera de MYC (sin MYC crecen más lentamente, pero siguen proliferando).

Estos resultados han sido confirmados en tumores de pulmón de ratones de laboratorio tal y como se ha publicado en el artículo La actividad intrínseca de penetración celular impulsa a Omomyc de la prueba de concepto a una terapia anti-MYC viable en la revista Science Translational Medicine. El siguiente paso, en el que participarán hospitales de España y de Europa, será en humanos, empezando con cáncer de pulmón y de mama para evaluar la eficiencia del tratamiento. En un futuro se plantea ampliar los ensayos a otros tipos de cáncer.  

El éxito de Omomyc se debe a tantos investigadores que han aportado poco a poco información sobre esta proteína, a más de 20 años de trabajo de la Dra. Laura Soucek focalizados en el estudio de la proteína MYC, la colaboración clave de la Dra. Marie-Eve Beaulieu (que ha desarrollado la molécula capaz de colarse hasta el interior del núcleo)  y a una red extensa de colaboraciones, capaces de aportar pequeñas piezas a este puzle tan complejo.

 

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