Bolivia no sólo brilla por la incomparable belleza naturales de sus paisajes, también lo hace por la riqueza de su cultura indígena que es propiamente representada por las mujeres Cholas.

Si bien, en el contexto de Latinoamérica el término cholo (a) es considerado como peyorativo dada la connotación racista que implica, hoy en día las cholitas bolivianas luchan desde diferentes trincheras para que este término refleje sus características étnicas, sus tradiciones y sea testimonio de superación de estereotipos sociales y desigualdad.

Uno de los campos de batalla son las altas montañas. Las cholitas bolivianas, sin desprenderse de su atuendo tradicional, han conquistado las cimas de los montes bolivianos y, recientemente, un grupo de ellas lograron ascender al Aconcagua, la montaña más alta de América. Esta gran hazaña va más allá de la práctica de este deporte, ya que el sueño de muchas de ellas es hacer los cursos reglamentarios que les permitan ser guías de montaña para poder trabajar y obtener la misma remuneración que actualmente sólo tienen los guías hombres. Ellas aseguran que este sueño está próximo a llegar.

De la misma manera, las cholitas bolivianas iniciaron su incursión en la lucha libre hace casi dos décadas. Las voluminosas faldas y adornados zapatos no les impiden abrirse paso en un terreno dominado por hombres. Su participación en el ring, además de ser una búsqueda de igualdad, también representa una oportunidad económica, ya que muchas de ellas utilizan el dinero que ganan para sacar adelante a sus familias y asegurar la educación de sus hijos e hijas.

El espectáculo de lucha libre de las cholitas ha llamado la atención internacional tanto del turismo como de los medios de comunicación.

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