Lola Venegas es licenciada en Periodismo y en Filología Hispánica. Su trayectoria profesional es amplia como redactora y colaboradora en diversos medios de prensa, además de haber sido responsable de diferentes departamentos y de haber dirigido diversas publicaciones periódicas sobre mujeres y desarrollo, entre otras cuestiones. Lola Venegas es autora, con Margó Venegas e Isabel M. Reverte, de La guerra más larga de la Historia. 4.000 años de violencia contra las mujeres. (Espasa),

¿Cómo decidisteis escribir este libro y con qué sentido?

El libro surgió a principios de 2018,  en un momento muy especial de la reacción feminista: estaban aún muy recientes acontecimientos como el juicio de La Manada, en noviembre de 2017, en el que se llamó “abusos sexuales” a lo que era una violación en grupo; también las denuncias del Metoo, que se iniciaron en octubre de ese mismo año y que significaron no sólo destapar la impunidad de hombres muy poderosos en su trato violento hacia las mujeres, sino también el final del silencio de las mujeres.

Como todas recordamos, estos y otros hechos no sólo generaron una enorme indignación por lo que representaban en sí mismos, sino también porque estuvieron acompañados de reacciones airadas de muchos hombres que, también en nuestro país, vieron en el Metoo una especie de caza de brujas o que señalaron a la víctima de La Manada como sospechosa de no se sabe qué culpas.

Este libro nació como reacción airada a una certeza: los que matan, violan, abusan y acosan son siempre hombres; las que mueren y son acosadas son siempre mujeres. No sólo hoy: en todas las épocas, en todas las sociedades, en cualquier parte del mundo.

Nuestro objetivo era hacer evidente que la violencia contra las mujeres es universal, sistémica, que se produce desde tiempos remotos aunque lógicamente no es la misma en todos los países, ni siquiera en nuestros días. La violencia contra las mujeres es consustancial al patriarcado, es consustancial a la existencia del patriarcado. Nos interesaba señalar que la violencia física y la violencia sexual, pero también la desigualdad y la discriminación, son resultado de una serie de construcciones culturales del patriarcado, creadas y difundidas a través de la educación, las leyes, la filosofía, la religión, la publicidad…

En el libro se exponen diferentes aspectos de la violencia ejercida hacia las mujeres a lo largo de la historia, ¿cuáles son los retos actuales urgentes por solucionar a corto y medio plazo?

Los retos son muy distintos en función de dónde pongamos el foco. En muchos países la primera urgencia es que las mujeres sean tratadas como ciudadanas, sujetos de pleno derecho. Que desaparezcan tradiciones aberrantes como la ablación genital (que mutila cada año a 3 millones de niñas) o los matrimonios infantiles (cada 15 segundos una niña menor de 15 años es obligada a casarse). Que la religión deje de intervenir en los cuerpos de las mujeres.

En otros ámbitos, en Europa o en E.EUU., los retos son otros. El primero de ellos, que los derechos de las mujeres no se pongan de nuevo en cuestión, como están haciendo la ultraderecha europea, Trump y, más cerca de nosotras, Vox e incluso dirigentes del Partido Popular.

Volver a discutir, como hacen estos partidos y movimientos, el derecho al aborto nos demuestra que no se puede dar nada por hecho ni siquiera en las sociedades llamadas desarrolladas; que la llegada de según qué gobernantes al poder representa una amenaza para las mujeres. La denuncia de estos intentos de vuelta atrás tiene que ser una prioridad para las mujeres.

En otro sentido, es necesario contrarrestrar los discursos ultras que hablan de feminazismo, o de supremacismo de género y denunciar la manipulación de los términos que solo buscan desvirtuar lo que es el feminismo.

La presión social es uno de los elementos clave que destacáis, como el ejemplo del rechazo social por el juicio de La Manada y en apoyo a la víctima. ¿Qué elementos favorece que surja esta presión plural, diversa, pero unánime en su rechazo a la violencia?

La sensación de injusticia para con las víctimas y de impunidad para los culpables está seguramente detrás del rechazo social a casos muy recientes de violencia contra las mujeres.

El que se siga cuestionando a una mujer por viajar sola, salir sola a correr, volver tarde a casa o vestirse como le viene en gana es un ejercicio perverso que convierte a las mujeres en culpables cuando son atacadas. El que se siga buscando cómo eximir de culpa a los verdugos, con sentencias judiciales vergonzosas, crea entre las mujeres una sensación de frustración y cólera que explica en parte la reacción a casos como el de La Manada, pero no solo.

Una vez realizada esta aportación, ¿cuáles son vuestros sueños futuros?

Más que un sueño, un deseo: que los dirigentes de Vox vuelvan a las cavernas de donde no deberían haber salido.

Y otro más: que las mujeres identifiquen correctamente a sus amigos y a sus enemigos. A la hora de votar y en todos los ámbitos de sus vidas.

Secciones: Entrevista

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