Tomarse la licencia del neologismo cienañera se explica por cuanto cada vez son más las personas centenarias, de manera que, si hay veinteañeras, treintañeras y demás, ahora también se hacen patentes las cienañeras. En cualquier país, la longevidad de sus habitantes se considera un síntoma de desarrollo, resultando así que la ciudad de Barcelona viene a ocupar un lugar destacado en este reglón. Se trata de un factor positivo que, no obstante, presenta ciertas aristas negativas en el aspecto personal.

Sucede que la urbe congrega alrededor de 220 personas mayores de 100 años de edad que viven solas, y casi 43.000 que, sobrepasando los 80, se hallan en igual situación. Unas cifras que atañen a la soledad que no deberían sorprender, habida cuenta de los datos referidos a la composición de los hogares. Según las estadísticas, en el año 2017 el conjunto de hogares unipersonales catalanes representaba el 25,6% del total. La vida de cada cual va siguiendo su curso, con independencia de que no es lo mismo vivir solo en casa a los 50 años de edad que a los 80 y más allá. Sin obviar, por lo demás, los parámetros salud y autosuficiencia.

Si en principio es alentador que los humanos actuales envejezcan por término medio el doble que sus ancestros primitivos, las condiciones de vida de los afortunados en sumar años resultan decisivas para aceptar o no el mencionado calificativo de afortunados. Los familiares y los amigos más jóvenes tienen la palabra en cuanto a proporcionar una superancianidad que merezca la pena. Responsabilidad a la que se agregan los servicios propios del Estado del Bienestar, desde la atención remota por medio de la teleasistencia hasta la introducción de la robótica. Sí, la implantación del cuidado por parte de robots humanoides capaces de controlar, asistir y acompañar, todo ello fríamente, como es forzoso reconocer.

De hecho, a medida que los domicilios unipersonales de ancianos centenarios aumenten, también lo hará la utilización de robots. Con lo cual, cobrará absoluto valor el refrán que dice: A grandes males, grandes remedios.

Secciones: Al reverso portada

Si quieres, puedes escribir tu aportación