El hambre y la malnutrición infantil no afectan sólo la salud y el desarrollo de los niños y niñas que la padecen. Cuando una familia no puede garantizar la alimentación, también aumentan las situaciones de vulnerabilidad que pueden exponer a las y los menores a distintas formas de violencia y explotación. UNICEF advierte que la inseguridad alimentaria y la pérdida de medios de vida pueden favorecer mecanismos de supervivencia perjudiciales, como el trabajo infantil, la separación familiar, el matrimonio infantil o la explotación sexual. En el caso de las niñas, además, algunas de estas amenazas se intensifican debido a las desigualdades de género existentes.
Frente a esta realidad, una reciente publicación de Global Citizen pone el foco en el Child Nutrition Fund (CNF), una iniciativa impulsada por UNICEF y sus socios que busca acelerar soluciones ya demostradas como eficaces contra la desnutrición. Creado en 2023, el fondo trabaja principalmente en los países con mayores tasas de retraso del crecimiento y de desnutrición aguda infantil y aspira a que, para 2030, 320 millones de mujeres, niñas y niños accedan cada año a intervenciones nutricionales esenciales. Su modelo combina financiación internacional, inversión de los propios gobiernos y apoyo a la producción local, buscando que los recursos lleguen de manera más rápida y sostenible allí donde son necesarios.
Los primeros resultados muestran el alcance que pueden tener estas actuaciones. En Camboya, por ejemplo, 324.000 niños y niñas fueron examinados para detectar malnutrición y más de 10.000 recibieron tratamiento; en Etiopía, 214.000 menores de cinco años recibieron vitamina A y desparasitación y 85.000 fueron vacunados; y en Pakistán, 716.000 madres y personas cuidadoras recibieron asesoramiento nutricional. Además, el mecanismo de cofinanciación del fondo ha movilizado 74 millones de dólares para 18 países y ha contribuido a financiar el tratamiento de 1,2 millones de niños y niñas con desnutrición aguda. Paralelamente, el apoyo a los fabricantes locales está fortaleciendo la capacidad para producir tratamientos nutricionales más cerca de quienes los necesitan.
No obstante, garantizar una alimentación adecuada significa, mucho más que combatir el hambre. Significa ampliar las posibilidades de crecer con salud, aprender, permanecer en entornos seguros y erradicar las condiciones que incrementan la exposición a la violencia. Proyectos como el Child Nutrition Fund muestran que existen conocimientos, recursos y estrategias capaces de transformar esta realidad. Cada niño y cada niña que deja atrás el hambre gana la batalla más importante para superar otras y vivir una infancia más libre, segura y llena de futuro.
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