El ajedrez pasó muchos siglos sin reina, siendo el personaje central el rey, al cual acompañaba un consejero que tenía muy poca movilidad. Con su precedente en el chaturanga hindú del siglo VI, lo transformó y trajo a Europa el mundo islámico. En la época medieval ya apareció la reina, por ejemplo, en la isla de Lewis, pero seguía teniendo la misma poca movilidad que su pieza predecesora, solo podía moverse un cuadro y en diagonal.
El ajedrez moderno nació en Valencia, y aparece por primera vez en el poema “El ajedrez del amor” en el siglo XV. Es entonces cuando la reina adquiere una gran movilidad a lo largo de todo el tablero. Por supuesto, el rey se mantiene como la pieza que más hay que guardar, a la única que se le puede hacer el jaque mate, pero la reina pasó de ser una pieza más a convertirse en la más importante en todas las estrategias.
El poema relata una partida de ajedrez entre Venus y Marte que, como sabemos, son los dioses del amor y de la guerra. Todavía hoy el signo que identifica a las mujeres y al feminismo proviene del espejo de Venus, y el que identifica a los hombres es el escudo y la lanza de Marte. Para que hagáis vuestra propia lectura e interpretación, terminamos con unos versos del poema:
la dama entra firme recorriendo el tablero
logrando el jaque a un rey sin esperanza,
que ya no tiene recursos ni lugar donde escapar
pues todo el tablero se lo han tomado con rapidez
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