En los últimos días circula por las redes sociales una afirmación alarmante: “el 100% de las mujeres que denuncian una violación no volverían a denunciar”. La frase se comparte como si fuera un dato contrastado y, sin embargo, es falsa. No existe ningún estudio riguroso que sostenga este porcentaje. Ninguna investigación empírica seria puede afirmar que el 100% de las mujeres que han denunciado una agresión sexual no lo volverían a hacer. A veces se cita un estudio como aval de esa afirmación, pero ese estudio no dice eso, lo que afirma es que era el 100% del reducido grupo de víctimas que fueron entrevistadas.

Pero más allá de su falta de veracidad, el problema principal de este tipo de mensajes es su impacto. Este tipo de afirmaciones no solo desinforman, sino que también pueden tener un efecto desmovilizador. Si una mujer que ha sufrido una agresión sexual lee repetidamente y en manos de fuentes oficiales  que “nadie volvería a denunciar”, el mensaje implícito es claro: denunciar no sirve y solo empeora las cosas. Así, esto contribuye a reforzar uno de los mayores obstáculos que enfrentan las víctimas, el miedo a no ser escuchadas, a revivir el daño o a no obtener justicia. En lugar de generar condiciones para acompañar a quienes quieren dar el paso de denunciar, este tipo de discursos puede contribuir a que menos decidan hacerlo.

Es indudable que existen barreras en el proceso de denuncia, como tiempos judiciales largos y procesos duros, y reconocer estas dificultades es imprescindible para mejorar las respuestas institucionales. Sin embargo, una cosa es identificar problemas reales y otra muy distinta es construir relatos totalizantes que presenten el sistema como completamente inútil en todos los casos. Por una parte, este discurso promueve los juicios públicos paralelos, que no necesitan de la justicia para dictar sentencia. Por otra parte, este tipo de generalizaciones invisibilizan también tanto a aquellas mujeres que sí han encontrado apoyo, reparación o justicia tras denunciar, como a quienes les han prestado apoyo a lo largo del proceso.

El compromiso con las víctimas requiere también un compromiso con la verdad. Difundir datos falsos, aunque sea con la intención de visibilizar un problema, puede tener efectos contraproducentes. El feminismo que transforma la realidad no se construye sobre bulos, sino sobre evidencia, y defender a las víctimas implica también no hablar en su nombre con afirmaciones que no reflejan la diversidad de sus experiencias. Cada mujer merece poder decidir su camino sin que el ruido de la desinformación limite sus opciones.

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