La agencia de la ONU para la igualdad de género ha emitido un enérgico llamado de atención al presentar su informe “Wars on women escalate as global conflicts reach record highs”, publicado el 20 de octubre de 2025. Según el organismo, actualmente 676 millones de mujeres viven a menos de 50 kilómetros de un conflicto armado activo, la cifra más alta desde los años noventa. Además, las víctimas civiles entre mujeres y niños se han cuadruplicado en solo dos años, y los casos de violencia sexual relacionada con el conflicto han aumentado un 87 %, según Down To Earth.
En el documento, la directora ejecutiva de UN Women, Sima Bahous, denuncia que las mujeres y las niñas están siendo asesinadas en números récord, excluidas de las mesas de paz y dejadas sin protección. El informe vincula este deterioro con múltiples factores: la expansión de los conflictos, los recortes en la ayuda internacional a organizaciones de mujeres —que han caído al 0,4 %— y un repunte del gasto militar global paralelo al estancamiento de las estrategias de igualdad.
El texto recuerda que se cumplen 25 años de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre mujeres, paz y seguridad, que pedía la plena participación femenina en la construcción de la paz, sin que se hayan logrado avances suficientes, como advierte ReliefWeb.
La evidencia científica respalda la alarma de la ONU. Un estudio en PLoS Medicine muestra que los conflictos armados aumentan significativamente la mortalidad materna e infantil en más de 180 países (Bendavid et al., 2021). Otra investigación publicada en PLoS One confirma que las mujeres en edad reproductiva que viven cerca de zonas de guerra tienen una mortalidad tres veces mayor que en contextos pacíficos (Wagner et al., 2021), mientras que un artículo en Frontiers in Psychology documenta el impacto físico y emocional de la violencia sexual en conflictos armados (Abebe et al., 2023).
La información pone en evidencia la magnitud del retroceso en los derechos de las mujeres y la urgente necesidad de enfoques preventivos y de protección. Instituciones como la OMS y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (OHCHR) recomiendan, además del control de armas y el aumento de la participación femenina en la diplomacia de paz, asegurar una financiación sostenible para las organizaciones de mujeres en zonas de conflicto.
Este retroceso afecta no solo vidas individuales sino la estabilidad global, pues la exclusión de las mujeres en la resolución de conflictos reduce la durabilidad de la paz. Mirando al futuro, la sociedad internacional debe recuperar el impulso de la agenda de mujeres, paz y seguridad.
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