Ruth Matilda Anderson

Ruth Mathilda Anderson nació el 8 de septiembre de 1893, en Nueva York.

Se inició en el mundo de la fotografía de la mano de su padre, Alfred Theodore Anderson, especializado en paisaje y retrato. Estudió un año en la Universidad Estatal de Nebraska en Lincoln y después estudió Magisterio en la Escuela Estatal de Profesorado de Nebraska y se graduó en 1915. Retomó sus estudios en la Universidad de Nebraska durante un semestre para después marcharse a Nueva York diplomándose en 1919 en la Escuela de Fotografía Clarence H. White.

En 1921 cuando trabajaba como decoradora de interiores, fue contratada por la Hispanic Society of America recomendada por el propio Clarence White. Allí estuvo bajo supervisión del director de la institución, Acher Milton Huntington, actualizando su técnica como fotógrafa e investigadora. Empezó a trabajar como fotógrafo del museo y en 1922 fue nombrada conservadora de fotografía.

En la década de 1920, hizo cinco viajes a España: Galicia, León, Extremadura, Castilla y León y Andalucía.

Cuando Ruth Matilda Anderson llegó a Galicia en 1924 con su cámara y sus cuadernos, pocas personas imaginaron que aquella joven fotógrafa estadounidense dejaría uno de los testimonios más valiosos sobre la vida cotidiana de las mujeres en la España rural. Su objetivo no era sólo registrar costumbres, sino entender y dignificar a quienes el discurso oficial había dejado fuera, las mujeres. Retrató a las mujeres en todos sus oficios: panaderas, mariscadoras, labradoras o costureras aparecen ante su lente sin artificios, conscientes de ser protagonistas.

Su legado, redescubierto décadas después en exposiciones y estudios, invita a repensar la historia de la fotografía desde una perspectiva de género. Las imágenes de Ruth Matilda Anderson, además de documentar un pasado rural desaparecido, cuestionan los modelos visuales que han sostenido la invisibilidad femenina. En sus retratos, las mujeres no son objeto, sino sujeto: miran, posan, trabajan, viven.

Hoy, en tiempos de revisión crítica del canon visual, su obra se convierte en un ejemplo temprano de mirada feminista, aunque ella misma nunca se proclamara como tal. Ruth Matilda Anderson comprendió que mirar también es un acto político. Y, desde Galicia, contribuyó con su cámara a iluminar lo que durante siglos había permanecido en la sombra.

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