Una lectura desde las nuevas masculinidades alternativas
Hacía tiempo que no traíamos una película a esta sección. No porque el cine no importe en la socialización de la masculinidad, sino porque pocas veces se nos ofrece un relato que dialogue con tanta claridad con las preguntas actuales sobre qué significa “ser hombre” hoy.
La nueva película Superman (2025), dirigida por James Gunn e interpretada por David Corenswet, se convierte —casi sin proponérselo— en una alegoría de las nuevas masculinidades alternativas. Nos habla de un Superman más joven y más humano. Uno que ya no necesita demostrar su poder, sino recordar —en medio de la incertidumbre global, las fake news y la manipulación informativa— que la verdad sigue siendo un valor por el que vale la pena luchar… y hasta dar la vida.
Lejos de la arrogancia o del salvador impoluto, este Superman se muestra vulnerable y valiente. Se arriesga para salvar la vida de un niño y su padre, aun cuando ello le suponga poner en peligro la suya. Es cuestionado, incomprendido e incluso encarcelado, precisamente por haber hecho el bien. Aun así, no deja de actuar con coherencia. No lo hace para ser querido. No busca el aplauso. No lo necesita. Lo hace porque es lo correcto, porque es lo mejor para la humanidad.
En contraposición a esta figura transformadora, la película presenta en Lex Luthor un arquetipo claro de masculinidad tradicional dominante. Su liderazgo se basa en el control, el poder económico, la manipulación informativa y el desprecio por cualquier signo de vulnerabilidad. Encarnando una lógica patriarcal autoritaria, Luthor recurre al miedo para gobernar: lanza una campaña de desinformación contra Superman, instrumentaliza a la opinión pública y se muestra incapaz de empatizar con quien no se somete a sus intereses. No dialoga: impone. No busca la verdad: la distorsiona para mantener su dominio.
A su alrededor, sus acólitos encarnan formas claras de masculinidad oprimida, atrapadas en estructuras de obediencia jerárquica y sumisión acrítica. Son hombres que renuncian a su autonomía moral, que actúan como prolongación del poder de Luthor, y que, bajo una apariencia de fortaleza, reproducen una profunda inseguridad y un miedo constante a desafiar la autoridad. Su sumisión silenciosa es también una forma de violencia: la de no atreverse a actuar éticamente por miedo a perder poder o pertenencia.
Frente a ello, la película nos muestra a un hombre que, cuando debe elegir entre la fama y su comunidad, opta por volver a casa. A esa granja de Kansas donde aprendió, gracias a sus padres adoptivos, que el heroísmo cotidiano pasa por cuidar, escuchar y estar presente. Que ser hombre no consiste en imponerse, sino en ponerse en la piel del otro y actuar con generosidad y valentía, especialmente cuando nadie lo ve. Y es esto precisamente lo que lo hace inmensamente atractivo, hecho que muestra la película en su relación de enamoramiento con Lois Lane. Su amor se presenta como una historia de admiración mutua, valentía en la entrega apasionada y profunda emoción. En un mundo que a menudo caricaturiza las relaciones, esta película opta por mostrar lo difícil, hermoso y profundamente atractivo que resulta amar, concluyendo con una escena final de un beso apasionado que los eleva a los dos.
No decimos que Superman sea un manifiesto feminista. Pero sí es, al menos esta vez, una película que se atreve a mostrar una masculinidad sin cinismo, sin grandilocuencias y sin necesidad de esconder la ternura. Y ahí reside gran parte de su belleza.
¿Hacía falta que lo dijera alguien con capa?
Sí. ¿Y por qué no?
Porque a veces, la capa sirve para recordarnos que la humanidad también puede ser heroica desde la bondad y la verdad.
Y no lo olvidemos: como herramienta socializadora, el cine sigue siendo una de las más potentes para crecer juntos a través del diálogo. Superman (2025), como hemos intentado mostrar en estas líneas, ofrece un amplio abanico de representaciones de la masculinidad: desde la masculinidad tradicional dominante, pasando por formas de masculinidad oprimida, hasta alcanzar el potencial transformador de las nuevas masculinidades alternativas. Estas no solo se encarnan en el protagonista —aunque él sea su exponente más visible—, sino también en la forma en que la película reivindica el valor de mantener las amistades, construir alianzas y perseverar en la lucha por el bien común.
Y ahí, quizá, es donde reside su auténtica fuerza.
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