Hay mujeres jóvenes e instruidas que regresan al campo del que habían emigrado y otras que se instalan en él por primera vez. Son las neo campesinas, y por lo general las mueve el propósito de buenas prácticas medio ambientales. Firme rechazo de los herbicidas, de las macro granjas, de las macro explotaciones agrícolas. Mas, ¿con qué panorama se encuentran?

Si bien del cultivo procede lo esencial para vivir, la comida, la población rural en España constituye apenas el 16% del total. Ocupa grandes áreas de terreno con una baja densidad de población, más bien envejecida y dedicada mayormente a la agricultura. La insuficiencia de servicios sanitarios, escolares, bancarios y culturales en general explicarían el poco atractivo de residir en el campo. Por lo demás, el aumento de las grandes empresas agrarias y ganaderas ha conducido a la disminución de la labranza tradicional.

Pese a un escenario que puede resultar poco alentador, las neo campesinas abandonan la ciudad, solas o en familia, en pos de lo natural contrapuesto a lo artificioso y, más aún, en defensa de una producción agroecológica. Sin embargo, en la esfera personal cotidiana, su estatus diferirá poco del anterior en la urbe.

Ahora como antes, además de trabajar en el campo, como anteriormente lo hicieran en la empresa que fuera, continuarán dedicando a las tareas del hogar el doble de tiempo que los hombres. Económicamente, por lo común no serán las titulares de la granja, sino que figurarán como parientes del titular, sean marido, padre, hermano. O también como contratadas tardías, a fin de ahorrar gastos en cuanto a la Seguridad Social.

No todo el monte es orégano, se dice, y para incrementar la extensión de la benéfica planta ahí están las neo campesinas. Con esfuerzo, se disponen a mejorar su posición, a impedir el maltrato animal, a librar de pesticidas los cultivos. En consecuencia, a ofrecer a la gente una mejor y más ética nutrición, lo cual es de mucho agradecer.

Secciones: portada

Si quieres, puedes escribir tu aportación