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Los debates actuales sobre casos de acosos y violaciones en la marcha nocturna desvelan colaboraciones de camareros que, por propia voluntad o forzados por sus clientes, colaboran con los agresores. Un artículo científico ya destacó este tema con una rigurosa investigación que está sirviendo para que muchas jóvenes y no tan jóvenes sepan analizar determinadas situaciones que se dan en la marcha nocturna, identificar a los potenciales agresores y defenderse a ellas mismas y a sus amigas frente a ellos. 

Cuando la formación en relaciones de género obvia las evidencias científicas como la que aquí se señala colabora involuntariamente en fomentar los acosos sexuales y violaciones en la marcha nocturna. Hay demasiadas situaciones de ese tipo: ocultar evidencias científicas como la colaboración de algunos camareros, decir que la violencia de género ocurre en la pareja o expareja, culpar al amor ideal en lugar al discurso coercitivo que obliga a ligues esporádicos de desprecio, afirmar que los ligues en la marcha nocturna son libres, poner el problema en los micromachismos y no en los machismos, acusar de machista a quien te abre una puerta deseando tú ese comportamiento en lugar de en quién se dirige a ti ya con desprecio o coacción.

Todas esas afirmaciones, las formaciones en que se dicen y las legislaciones y programas que se basan en ellas no solo no previenen la violencia de género sino que la fomentan. Solo la formación en relaciones de género basada en evidencias científicas disminuye y previene la violencia de género.

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