La ARK (por sus siglas en inglés Access Research Knowledge) el centro de política social de Irlanda del Norte, creado con la finalidad principal de posibilitar un mayor acceso y uso de las evidencias e investigaciones en la toma de decisiones y diseño de las políticas y las leyes, publicó en 2021 un informe de investigación sobre el grado de conocimiento y comprensión pública del control coercitivo, como una forma más que adopta la violencia de género.
El informe muestra el control coercitivo, también entendido como abuso emocional o psicológico, abuso indirecto o tortura emocional, como el tipo de violencia más difícil de evidenciar y denunciar la cual se caracteriza por un patrón de comportamiento que tiene como objetivo intimidar, amenazar, humillar y/o restringir la libertad de una persona. Por ejemplo, aislarla de sus amistades y familiares, controlar aspectos de la vida cotidiana como las personas con las que se relaciona, los espacios y lugares en los que se mueve e incluso, intimidarla, amenazarla para asustarla. Por otra parte, el estudio cita investigaciones en las que se ha demostrado que sufrir control coercitivo puede tener un impacto muy negativo para la salud.
En el análisis se llevaron a cabo preguntas a varios grupos de control a los que se les expuso diferentes situaciones en las que se daba control coercitivo en la relación afectivo-sexual y tras examinar la diversidad de respuestas obtenidas, se determinó que si bien algunas de las personas encuestadas conoce el concepto, un número significativo no. Según el documento, esta realidad dificulta que se reconozcan los signos de este tipo de abuso más allá de los actos obvios y flagrantes y apunta a que, desde la investigación, se continúa reflexionando sobre la dificultad de operacionalizar el comportamiento coercitivo y controlador pero se comprende bien la efectividad de la intervención temprana como una forma de prevención.
Comprensiblemente es necesario definir bien qué es control coercitivo y que no, porque entre otros motivos necesitamos que las leyes nos protejan y para ello es necesario que esté bien recogido. No obstante, y hoy en día se habla mucho de relaciones tóxicas, muchas personas se pasan la vida entre interacciones de este tipo, eligiendo amistades y relaciones afectivo-sexuales que les amargan la existencia de muchas formas diferentes, rozando lo penalizable, pero no por ello menos desencantador y erosionador. Evitar que esto ocurra sólo pasa porque desde el principio siempre elijamos a las mejores personas a nuestro alrededor, las que más nos valoran, amistades y relaciones igualitarias, profundas, sinceras que quieran lo mejor para nosotros o nosotras y nuestra libertad y, en todo caso, como nexo común a cualquier concepto de relación sana, donde jamás se dé cualquier tipo de violencia.
Ya existen investigaciones que demuestran cómo conseguir esto, la teoría sobre la socialización preventiva de la violencia de género nos muestra qué claves nos ayudan a transformar los contextos en espacios seguros en los que construir vidas libres en las que no haya ningún abuso.
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