Hoy entrevistamos a Olga Serradell, Decana de la Facultad de Ciencias Políticas y de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

¿Cómo inicias tu trayectoria académica en la Universidad?

Me formé como investigadora predoctoral en el centro de investigación CREA, en la Universidad de Barcelona. Ahí inicié mi carrera académica, entré en contacto con los proyectos y publicaciones de mayor rango científico, aprendí a trabajar en la investigación de los principales problemas sociales para identificar formas de superación, y uno de estos problemas es la Violencia de Género en la Universidad.

¿Cómo inicias tu trayectoria en el tema de la Violencia de Género?

Ya en el año 2003 trabajábamos, leíamos y debatíamos sobre la necesidad de posicionarnos como centro de investigación para dar apoyo a las víctimas. Por ejemplo, el CREA y su grupo de mujeres SAFO nos incorporamos a la Plataforma Unitaria contra las Violencias de Género de Catalunya dando apoyo al proyecto “Trenquem el silenci” [Rompamos el silencio]; preparamos propuestas de proyectos de investigación que hoy han demostrado tener un gran impacto social para proteger a las jóvenes y mujeres del acoso sexual; y elaboramos un código ético con el que debía comprometerse todo miembro del grupo. En este código ya se incluía un posicionamiento feminista, en contra de los acosadores y de apoyo a las víctimas. Este posicionamiento nos costaría más tarde ataques gravísimos como grupo y que fueron especialmente crueles con las personas que más se han solidarizado siempre con las víctimas como Pato (Jesús Gómez), Ramón Flecha, Rosa Valls o Lidia Puigvert.  

¿Te has posicionado ante casos de acoso en la academia? ¿Hay algún momento clave que consideres especialmente relevante?

Sí, siempre me he posicionado. En 2006, gracias a la amplia red de colaboración internacional de mi centro de origen, realicé una estancia postdoctoral de dos años en l’École des Hautes Études en Sciences Sociales de París financiada con una beca de “la Caixa” y el gobierno francés. Vivía en el Colegio de España, una residencia de investigadores ubicada en la Cité Universitaire de París (CIUP) junto a otras residencias que acogían académicas y académicos, profesorado y alumnado, de diferentes países y universidades del mundo. Ahí conocí a personas con las que todavía hoy mantengo una gran amistad, en gran parte por la solidaridad y la red protectora que creamos entre nosotras. En la CIUP el acoso sexual se invisibilizaba por el miedo a dar una mala imagen de la propia institución académica. No obstante, la profesora Rosa Valls, compañera de CREA, se encontraba entonces dirigiendo el primer I+D sobre Violencia de Género en las Universidades Españolas. Los resultados ya clarificaban la importancia de romper el silencio, y demostraban cómo la excelencia de las mejores universidades requiere mecanismos de denuncia y redes de apoyo a las víctimas. Conseguí hacerlo en el Colegio de España organizando en 2008 la primera Jornada sobre Violencia de Género en las Universidades donde participó Montserrat Comas, que en aquel momento era la Presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género además de vocal del Consejo General del Poder Judicial, y académicas francesas y españolas como Rosa Valls, Stéphanie Condon o Silvie Cromer, entre otras. Aquella jornada y todo el debate que iniciamos en torno a ella fueron preventivos de nuevos casos de acoso. 

¿Y has sufrido represalias por tu posicionamiento a favor de las víctimas?

Si, he sufrido Violencia de Género Aisladora por trabajar con el CREA, el grupo de investigación que denunció a quién durante décadas acosó a estudiantes de la UB. Todo el mundo lo sabía, aunque durante años todas y todos miraron hacia otro lado, por miedo a las represalias que sistemáticamente sufren quienes apoyan a las víctimas. En 2011 Ramón Flecha sí se atrevió a denunciar (ya lo había hecho en 1995), lo que le valió graves difamaciones y ataques personales y a su familia que solo benefician a los acosadores y a sus cómplices.

Recuerdo especialmente aquél 13 de junio de 2016, justo el día en que se reincorporaba a la universidad el catedrático multidenunciado, una televisión pública catalana sacó una noticia, donde personas anónimas y encapuchadas lanzaban contra quienes le habíamos denunciado las difamaciones gravísimas que habían inventado los acosadores, sin ni siquiera haber contrastado esta información.  En mayo había nacido mi hija y yo me encontraba de baja por maternidad. Recuerdo lo mucho que me afectó personalmente esa falta de ética y profesionalidad, característica de un periodismo sin valores, inhumano, que difundía mentiras. Yo pensaba: “¡podrían haberme preguntado sobre mi trayectoria en CREA y enseguida habrían desmentido las calumnias!”. Estando en CREA yo me había ido a París dos años, y después había vuelto a España con un contrato Juan de la Cierva en otra universidad y en otro grupo de investigación del que todavía hoy soy miembro. Y esto es solo una pequeña muestra de la libertad con la que siempre he decidido sobre mi vida profesional y personal. Aquel junio de 2016 me preocupaba mucho cómo se sentiría mi familia, y sobre todo mis padres. Su apoyo fue fundamental, ellos conocen desde siempre a muchas de mis amigas y amigos, entre quienes también hay compañeras y compañeros de CREA. Sin embargo, el disgusto fue grande y sigue ahí. Saber que hay personas que se han alejado o se alejarán de ti por miedo a que les manchen esas calumnias es muy duro.    

¿Qué ha representado el MeToo para tí y para la Universidad?

Mi trayectoria personal y académica es muy coherente y clara con un posicionamiento a favor de las víctimas. Pero debo decir que el reportaje de El Periódico (del 23 enero 2022) me dio una fuerza extraordinaria porque ahora cualquier víctima sabe que no está sola. Este reportaje y la simbólica U con nuestras fotos, ha marcado un antes y un después del MeToo Universidad. Ahora, quienes decidan denunciar saben con quiénes pueden contar, que actuaremos y las apoyaremos siempre. Yo ya lo estoy haciendo.

¿Se está tratando de invisibilizar a las mujeres científicas pioneras en este ámbito?

El inútil intento de invisibilizar a las mujeres científicas pioneras en este ámbito forma parte del también inútil intento de obstaculizar los cambios necesarios para que las víctimas puedan ser supervivientes. Es un intento inútil porque esas mujeres científicas están en las publicaciones internacionales del más alto nivel científico y son muy conocidas en universidades como Cambridge o Harvard donde escandaliza que aquí haya incluso mujeres que ocupan cargos sobre este tema que ni siquiera contestan a sus solicitudes de entrevista.

¿Se están haciendo avances en tu universidad?

Soy testigo y parte activa de que en la UAB se están haciendo unos avances considerables favorecidos y acelerados últimamente por el reportaje del MeToo. La respuesta de todas las instancias implicadas está siendo ahora destacable en un contexto universitario español muy reacio a estos cambios. Por supuesto, estamos muy lejos de lo que se hace en las mejores universidades del mundo y las víctimas merecen, y hay dentro de mi universidad hombres y mujeres que atacan a quienes apoyamos a las víctimas e investigamos el problema, pero las demás mujeres y hombres estamos consiguiendo avances muy importantes en estas semanas.

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