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Laila Ratliff es una niña de 9 años de Carolina del Norte (Estados Unidos) que ha creado su propio negocio de limonadas caseras. Su madre cuenta que tenía 5 años cuando le mencionó su idea, a lo que su madre le apoyó, al igual que el resto de su familia. Aunque su madre pensaba que se refería a una pequeño puesto de limonada al aire libre en el patio delantero de casa, según comparte, Laila mostró desde el principio una visión más amplia. En sus conversaciones recuerda que siempre tuvo en mente un negocio más grande y ser capaz de conocer a gente (ABCnews). 

Y así es como se ha convertido en la empresa “Laila’s Lemonade y Sweet Treat Connection” que vende limonada casera de 22 sabores afrutados, al igual que otras delicias. Las más demandadas son los blondies de fresa crujiente, las galletas de chocolate y los pasteles. Se trata de productos que elaboran en casa con su madre después del colegio. Laila comparte que la educación es un elemento importante de su negocio, así como el trabajo duro. Su madre apunta que Liala está siempre adquiriendo nuevos conocimientos sobre temas administrativos, la negociación de contratos de venta y la comprensión de la leyes para los vendedores de alimentos. 

Otro elemento que Laila señala esencial en su negocio es la iniciativa de retribuir a las personas más necesitadas. Defiende el conseguir cosas, pero también la importancia de saber devolver a la gente que más necesita. De esta forma, organiza junto con su familia, campañas para ayudar a gente que no es tan afortunada. La dos últimas campañas, en diciembre y la actual, se han dirigido a atender las necesidades de las personas mayores que viven en residencias y las personas sin hogar de su ciudad. 

Laila dice que en su negocio es fruto de la inspiración de mujeres emprendedoras de su propia familia, como su madre, que vende productos de cuidado para el cabello, y su hermana mayor, que es fotógrafa profesional. 

La historia de Laila ayuda a romper con ideas reduccionistas sobre la infancia, a quien a menudo las personas adultas tratamos con menos potencial de que pueden llegar a desarrollar con el apoyo adecuado. Así como, a superar el discurso coercitivo que presiona a alejar a la infancia de aprendizajes profundos que después les van a acompañar el resto de su vida.

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