En el continuo progreso y avance de la ciencia se va descubriendo que las diferentes disciplinas no pueden ser compartimentos estancos, igual que no es posible deslindar las diversas realidades que componen la vida de las personas. La relación entre las disciplinas es necesaria y ha sido manifestada como imprescindible por autores como Kandel, Telzer o Blackburn y Epel.

Un magnífico ejemplo de esto es la neurociencia, que nos ha demostrado que la plasticidad del cerebro hace que su propia morfología se modifique en función de las interacciones sociales a las que los sujetos se ven expuestos, más allá de lo esperable por las condiciones genéticas previas. En numerosas ocasiones la neurociencia se ha acercado a preguntar a las ciencias sociales precisamente para conocer y profundizar en la naturaleza de esas interacciones que actúan de manera tan poderosa sobre nuestro cerebro. Esta relación entre las disciplinas hace que sea de enorme importancia la socioneurociencia, en cuyo dominio de estudio están precisamente esas relaciones bidireccionales entre el cerebro y la socialización.

En el artículo recientemente publicado “Contributions of Socioneuroscience to Research on Coerced and Free Sexual-Affective Desire” se muestra cómo, entre las muchas aportaciones de las CCSS a la neurociecia, está precisamente la teoría de la acción comunicativa y la importante diferencia entre los actos comunicativos de poder y los actos comunicativos dialógicos, que superan los trabajos de Austin y Searle. 

En este sentido, es de especial importancia, y así lo muestra el artículo, el trabajo sobre los procesos de socialización que someten el deseo asociándolo a estímulos relacionados con el riesgo, la humillación, el peligro y, en fin, la violencia, y consiguen la interiorización del discurso coercitivo dominante. A través de la socioneurociencia se pueden estudiar estos hechos y cómo se llevan a cabo la asociación estímulo-respuesta y la creación de los circuitos neuronales que consolidan ese deseo coaccionado, pero también cómo los contextos dialógicos permiten la resocialización para liberarse del discurso coercitivo dominante, la narrativa que impone y las preferencias y deseos afectivo-sexuales nacidos de esa coerción.

Así, la socioneurociencia, una disciplina fronteriza, permite el diálogo entre las ciencias sociales y naturales para lograr diferentes niveles de análisis y responder a las necesidades humanas más urgentes, como la consecución de un deseo afectivo-sexual libre de toda coerción, logrando un impacto social y político que nos conduzca a la resolución de estos problemas, que haga real la transformación de nuestras vidas, nuestras relaciones, nuestra sociedad, en una sociedad más libre y más igualitaria, libre de violencia.

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