A raíz de los testimonios recogidos por los diarios ARA y El Periódico alrededor de la denuncia presentada contra un profesor de Educación Física y figura muy relevante en el fútbol base del FC Barcelona y otros equipos, queremos usar estas líneas para plantear algunas reflexiones que deberían servir para que la Educación Física (EF) y el deporte sean espacios más seguros, donde las situaciones relatadas por los citados testimonios no puedan ocurrir o sea mucho más complicado que ocurran y, en todo caso, que no se repitan.

En primer lugar, cabe señalar la importancia de que las instituciones educativas y/o deportivas tengan códigos éticos o normativas que desarrollen de forma explícita procedimientos para la prevención de los abusos y acosos sexuales, tal y como señala el COI (Comité Olímpico Internacional) en su Declaración de Consenso sobre el Acoso y el Abuso Sexual en el Deporte. El papel de esta institución es muy destacable en este sentido, ya que además ofrece mucha y muy rigurosa información sobre estas formas de violencia en su sitio web. Sin duda, la consulta de estas páginas merece mucho la pena para conocer no solo las consecuencias y las formas en que estas violencias operan en el deporte, sino cómo se pueden prevenir. 

En segundo lugar, la investigación sobre acoso sexual y otras formas de violencia en EF destaca la exposición pública del propio cuerpo como una de las cuestiones más problemáticas. Es, por lo tanto, obligación de cualquier profesional evitar cualquier situación que pueda resultar violenta y, más allá de eso, discriminatoria e incluso incómoda para cualquier persona por cualquier motivo. Forzar a cualquier menor a que otras personas la vean (ya no digamos que la toquen) como no quiere ser vista, disfrazando la situación de liberación sexual o cualquier otra cosa, no solo va en contra de su libertad, sino que además la educa en la normalización del acoso. Es por esto que todas las recomendaciones internacionales en la prevención del abuso infantil van precisamente en la línea opuesta a este tipo de prácticas. 

En tercer lugar e íntimamente ligado a lo anterior, la investigación en socialización preventiva de la violencia de género y el bullying aporta numerosas evidencias, como las publicadas en las secciones Evidencias, Violencia 0 o NAM de este diario, sobre cómo construir redes de apoyo y relaciones positivas desde la primera infancia y cómo estas son en la práctica factores fundamentales para la protección.

Compañeros y compañeras profesionales que trabajáis con menores en el ámbito de la EF y el deporte, pongamos, por favor, nuestra atención en cómo hacer nuestros espacios seguros. Nuestros vestuarios, pistas, gimnasios, campos de juego o despachos no pueden ser los sitios donde los niños y las niñas se conviertan en víctimas. Es cada vez más urgente y mucho más importante que cualquier otra cosa. El mundo nos está mirando.

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