Dice Pérez-Reverte que su “protagonista es el hombre con quien sueñan las mujeres mientras sus maridos duermen”, y la verdad qué poca idea tiene de cómo son los hombres con los que soñamos las mujeres.

Las relaciones soñadas por las mujeres, pudiendo estas ser muy diversas, están llenas de los mejores y más apasionados sentimientos. Además, nos gustan como parejas, como amantes, como maridos, todo en uno, viviendo un sueño de relaciones libres, sin coacción, y correspondidas, para siempre o mientras dure el sueño. Y así hemos superado la doble moral, en la que autores como él piensan que se basan nuestras fantasías. Y si lo que quisieran es ser el sueño de estas mujeres, yo nunca he soñado con un hombre como los protagonistas de Reverte.

Las feministas llevamos siglos deseando escoger libremente a las personas que queramos, a las que nos atraen, sin que nos digan con quién tenemos que casarnos, con quién hay que tener un ligue o con quién soñar; sin separar la elección de la atracción. Y así hemos comprobado que, eligiendo a hombres con valores y actitudes contrarias a los protagonistas de Reverte, nuestros sueños se cumplen.

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