Batalla, pero solo en China, por el momento. No sabemos si la alarma por sus efectos nocivos conducirá a tomar medidas por parte de otros países. Por ejemplo, España, donde un menor de edad ha debido estar hospitalizado dos meses por su adicción al “Fornite”. Ha sido este como podía haber sido cualquier otro en la pléyade de videojuegos. Hasta veinte horas al día estaba atrapado un joven antes estudioso y sociable.

El caso es que el gobierno chino ha prohibido que los menores de edad jueguen en línea más de tres horas semanales. La finalidad es proteger la salud mental y física de chicas y chicos adolescentes. Un corte drástico que, sin embargo, adolece de fisuras fácilmente detectables. Si bien la Administración podrá controlar que no accedan por internet más allá de los viernes, sábados y domingos de 20h a 21h, el gran ojo inspector carece de capacidad para supervisar qué hacen con las consolas privadas. Al menos no la tiene hasta ahora, supuestamente. 

Más efectiva parece la demanda de que madres, padres, tutores y demás estén alerta desde el primer momento, que la familia intervenga activamente para preservar a hijas e hijos de la “droga electrónica”, según la definen las autoridades chinas. Advertencia compartida por el equipo de psiquiatras que han conseguido sacar del pozo al chico español. Aconsejan observar desde un principio el tiempo de uso, la aplicación en los estudios, la dedicación a otras actividades. Y si la reacción al establecer límites es virulenta, la alarma ha de saltar al instante.

Todo muy sensato, recomendable, más aún, indispensable. Confiando en que no sean las propias personas adultas, quienes dan ejemplo, las que estén enganchadas a los videojuegos.

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