María, de tres años, vive con su madre en una ciudad lejos de su país. Lucía, la madre se ha acabado de empezar una relación sentimental con un hombre. Los dos han decidido vivir en la casa de Lucía. Llevan unos meses saliendo y el nuevo novio pasa olímpicamente de la menor, la deja sola en casa, no le da de comer, etc. Lucía está muy atraída por su nuevo novio y su dependencia hacia él, le provoca olvidarse de su hija. Esa toma de decisión de centrarse en su novio pone en riesgo la salud y la vida de la niña.

El caso de María es ficticio, pero su peculiaridad nos lleva a casos universales. Algunas personas se olvidan de quién necesita protección, atención y un ambiente saludable para crecer. Unas personitas que no pueden tomar decisiones en muchas cuestiones y que su vida depende de las decisiones de las personas adultas (madre, padre, personas tutoras, personal de justicia, profesorado, etc.). 

Las elecciones de las personas adultas son decisivas para la vida de las niñas y los niños. El darnos cuenta de con quién dejamos o no dejamos a las y los más pequeños puede ser decisivo para su desarrollo y salud mental, incluso para su propia vida.

Lucía se cegó con su atracción hacia personas que no tratan bien a otras personas y su decisión de depender de su nuevo novio. María perdió la vida en una de las nuevas dejadeces de su pareja. Una despedida que nadie se imaginaba, aunque hubiera bastantes papeletas para que pudiera pasar. 

Todo el mundo lloró a María, pero Lucía continuó con su nuevo novio. Lucía podría haber tomado varias decisiones, pero tomó la que no benefició a María, una niña que no podía depender de ella misma. 

Las niñas y los niños son víctimas de quienes las y los asesinan, pero como en el caso ficticio de María la colaboración activa de otras personas como Lucía, quienes priorizan su dependencia de los maltratadores sobre la vida de sus hijos e hijas, acaban por robarles la existencia.

👀 Visitas: 187

Secciones: _noticias portada

Deja una respuesta