Teresa Sancristoval, Directora de Operaciones de Médicos Sin Fronteras, ha calificado de dolorosa y difícil la decisión de retirarse de zonas del centro y el este de Tigray. Para que MSF y otras ONG puedan seguir trabajando en Etiopía, las partes en conflicto deben dar garantías de seguridad, ha manifestado. Eso cuando dos semanas después de que los cooperantes María Hernández, Yohannes Halefom Reda y Tedros Gebremariam Gebremichae fueran asesinados nadie haya reivindicado la autoría ni se haya iniciado una investigación.

Las tres víctimas vestían ropas identificativas de MSF y además viajaban en un vehículo de la ONG. Desde febrero de este año 2021, se dedicaban a actividades médicas y humanitarias, y su asesinato viene a ser una clara muestra no solo de desprecio por la vida humana sino de ingratitud. Durante seis meses, el equipo de MSF ha atendido a más de 9.000 personas, realizando más de 700 cirugías, asistiendo a 3.300 partos, efectuando 365 cesáreas urgentes. Además, han debido asistir a víctimas de violencia sexual y ayudar en trastornos de salud mental. 

Al suspender sus actividades, MSF ha donado material médico a hospitales que están desbordados. La guerra sigue en pie, y nada podrá sustituir su ayuda. La población civil, desvalida, continuará expiando las consecuencias de execrables intereses políticos y económicos ajenos.

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