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Victoria Preston, estudiante de doctorado de MIT, soñó desde muy pequeña con la posibilidad de que las nuevas tecnologías puedan servir para mejorar el mundo. Ahora, ha realizado con éxito un experimento sobre una anomalía química relacionada con el retiro del hielo en el Ártico en el que utilizaban un robot para recoger los datos necesarios para la investigación.

El éxito de este experimento significa para Preston una prueba de que los robots pueden ayudar a los y las científicas a entender mejor el medio ambiente. A pesar de tener una formación en ingeniería robótica, Preston explica en MIT News que para ella es una gran prioridad el hecho de que su trabajo pueda servir como puente entre la ciencia y la ingeniería, por los múltiples beneficios que ofrecen a la ciencia y a la sociedad este tipo de colaboraciones interdisciplinares. Tal y como explica, “En general, veo los robots como una herramienta para los científicos. Toman los conocimientos, exploran y aportan conjuntos de datos. Luego, los científicos hacen el trabajo duro de extraer información significativa para resolver estos problemas difíciles”.

Su trabajo durante los dos primeros años del doctorado se ha centrado precisamente en cómo los robots pueden ser utilizados en el medio ambiente y cómo se pueden usar los datos extraídos a través de ellos. De esta forma, los robots pueden hacer el trabajo de los y las científicas de la recogida de datos más eficiente y económico, contribuyendo así a aportar más evidencias que puedan mejorar el mundo.

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