UNESCO ha publicado recientemente un estudio llevado a cabo por el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ por sus siglas en inglés) bajo el título The Chilling: Tendencias Globales en la violencia en línea contra las mujeres periodistas, en el que se revelan, entre otros, los hallazgos siguientes:

La tendencia de la violencia on line a menudo está asociada a las campañas de desinformación cuyo objetivo es minar la confianza del público en el periodismo basado en evidencias. Estas campañas generalmente son organizadas y pretenden dañar la imagen y reputación personal y profesional de las periodistas a través de difamaciones sobre su trabajo, en las que, por ejemplo, se las acusa de vender “noticias falsas”, se difunden narrativas falsas sobre sus vidas personales o se usan las “deepfakes”. En la misma línea se ha encontrado que desinformación y extremismo político están relacionados con la violencia on line hacia las mujeres periodistas.

La violencia que busca silenciar a las mujeres periodistas desacreditando sus reportajes es un problema que va en aumento.

Razones como su etnia cultural, orientación sexual y/o religión son motivos que agravan la frecuencia con la que algunas mujeres sufren ataques y, en este sentido, merece la pena mencionar en detalle algunos datos:

  • Mientras que el 64% de todas las mujeres periodistas blancas encuestadas dijeron que habían experimentado violencia on line, en el caso de las mujeres negras fue el 81%, las indígenas, el 86% y las judías, el 88%.
  • Las tasas de violencia on line para las encuestadas que declararon ser lesbianas o bisexuales fueron del 88% y el 85%, respectivamente.
  • Y en el caso de las árabes se halló que el riesgo de sufrir ataques físicos asociados a la violencia recibida en el espacio on line fue del 53%, en comparación con el 20% que representa al resto de mujeres, una cifra nada desdeñable, por otro lado.

Así mismo, el estudio da una pista del alcance que tiene el impacto de la violencia on line hacia las mujeres periodistas y muestra datos acerca del efecto parálisis que genera en su actividad y en la libertad de expresión. Aproximadamente el 30% de las mujeres a las que se encuestó e informaron haber recibido ataques en alguna ocasión, reconocieron que, tras lo ocurrido, se autocensuraron de escribir ciertas cosas en redes y el 20% directamente dejó de interaccionar en estos espacios.

Estas son algunas de las primeras conclusiones de un estudio que se enmarca en una investigación interdisciplinar mucho más amplia que advierten y dan buena muestra a la comunidad internacional del panorama ante el cual nos encontramos. 

Los hallazgos han llamado la atención de muchos de los principales medios de comunicación en el mundo que ya han manifestado la necesidad de que las personas editoras comprendan el alcance de la problemática y adquieran mayor conciencia sobre el tipo de reacciones violentas que pueden desencadenar ciertos trabajos periodísticos y de ofrecer, por tanto, un mayor apoyo y protección a las mujeres periodistas. 

Efectivamente, en la medida en que esto sea así mejorará la situación, pero sabemos gracias a las investigaciones que la prevención de la violencia del tipo que sea pasa por un posicionamiento activo (active bystander) del conjunto de la sociedad en contra de la misma. Todas las personas podemos contribuir y ser active bystander al rechazar y no ser cómplices participando en la difusión de informaciones que no están evidenciadas.  

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