Según un reciente estudio de Donna Kelley, Mahdi Majbouri y Angela Randolph, de la Harvard Business Review, en los Estados Unidos un 17% de las mujeres negras están en proceso de iniciar o administrar nuevos negocios. Eso se compara con solo el 10% de las mujeres blancas y el 15% de los hombres blancos.

Cabe destacar, sin embargo que solo el 3% de las mujeres negras tiene empresas consolidadas. Una explicación puede ser el tipo de empresas que se iniciaron. Se trata de pequeñas empresas informales, con bajos márgenes, en contextos competitivos abarrotados, que son más difíciles de mantener a largo plazo. Otra posible explicación es el acceso al capital, que podría, a su vez, influir en el tipo de negocios que abren las mujeres negras. 

Además, el acceso a los recursos clave necesarios para el espíritu empresarial se distribuye de manera desigual en la sociedad estadounidense, lo que refuerza la ventaja de ciertos grupos al tiempo que impide la entrada y la puesta al día de los grupos desfavorecidos. Combatir las desigualdades raciales y de género es una propuesta a largo plazo en los EE. UU. Cabe educar al sector financiero, mejorar las prácticas financieras y establecer pautas para garantizar la equidad en la financiación de los y las emprendedoras. Por ejemplo, las instituciones financieras podrían examinar si los criterios y procedimientos para invertir o prestar dinero son los mismos para todos los grupos, ya que investigaciones recientes sugieren que a diferentes grupos demográficos se les hacen diferentes tipos de preguntas durante el proceso de financiamiento.

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