De John Mathew Smith & www.celebrity-photos.com from Laurel Maryland, USA - BEST ALL-TIME DIANA!, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=85061623

Valga recordar a Diana Spencer cuando el Tratado para la Prohibición de las Armas Nucleares ha sido aprobado por la ONU. Ella, la mujer recordada en especial como la princesa rubia, bella y lánguida, contribuyó a la prohibición de las minas antipersona.

En vida fue carne de “paparazzis”, y una vez muerta lo sigue siendo para muchas revistas populares y medios de comunicación escandalosos. El divorcio del príncipe Carlos no solo le proporcionó más libertad sino más ocasiones para demostrar su sensibilidad ante las desgracias ajenas. Una de sus acciones más significativas atañe a su activismo contra las minas antipersona mencionado más arriba.

En 1997 se sumó a la campaña emprendida por la Cruz Roja para lograr la prohibición de tales minas. También fue durante ese año cuando viajó a Angola y se fotografió con niños y adultos lisiados por esta causa, acudiendo luego a Bosnia para manifestarse contra las mortíferas armas enterradas. Poco después moriría en París, a los 36 años de edad.

Malograda vida, fatídico accidente de tránsito que le impidió conocer que en marzo de 1999 entraba en vigor la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales firmado en Ottawa. No cabe duda de que su carisma influyó en la opinión pública, lo cual impulsó, asimismo, las decisiones estatales. En España, la prohibición de fabricar, emplear, almacenar o transferir minas antipersona ya fue promulgada en 1998, un año antes del establecimiento internacional.

Es de lamentar que Diana Spencer esté en boca de todos más por sus asuntos íntimos que por su activismo social. Frivolidad propia de una sociedad más interesada mayormente por lo banal que por lo importante. 

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