Ocurre cada vez que los acusados se sientan por fin en el banquillo. Parece que así ha sido en el juicio celebrado en la Audiencia de Barcelona hace pocos días. Tachados ahora como la manada de Sabadell, seis hombres violaron a una chica de 18 años en 2019. 

Se ha recriminado al fiscal que obligara a la víctima a repetir por enésima vez lo sucedido, que rezumara dudas sobre la veracidad de los hechos. Preguntarle por qué no había huido cuando era atacada por seis energúmenos es tan absurdo como ofensivo. La vida real no tiene nada que ver con las escenas peliculeras de un titán luchando contra una caterva y venciendo. Ni hay hombres como los inventados, ni hay mujeres que puedan defenderse contra la múltiple fuerza bruta.

Hacer que la víctima reiterara una y otra vez lo que ya había declarado sucesivamente a la policía de Sabadell, a los Mossos y a la jueza de instrucción constituye una especie de castigo para la atacada. Acabar con estas actitudes quizás será posible cuando en el Congreso de Diputados se apruebe la prevista ley del “solo el sí es sí”. Esperemos que por fin quede claro que cuando no hay consentimiento hay delito, sin necesidad de que la agredida deba exponer una y otra vez la ignominia.

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